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devil

2016, el Apocalipsis del rock

¿Se acuerdan de Nostradamus y sus profecías sobre el  —según— ataque a las torres gemelas en NY? o qué tal la profecía maya que estipulaba que el fin del mundo sería el 21 de diciembre del 2012.

Conocemos los malos augurios que van desde los cuatro jinetes del apocalipsis, la llegada del anticristo, hasta un papa negro en el Vaticano, señal de la llegada de alguien o el fin de algo —seguramente, ya ven como son esos católicos y sus historias— . Estos y más debrayes  nos los sabemos de memoria, pero jamás alguien realizó un escrito o dejó alguna señal sobre el año en que nuestras estrellas del rock dejarían este plano terrenal.

Total que después de tantos adivinos y videntes —disque— , nadie pudo predecir que este 2016 sería en verdad el año de Apocalipsis y cómo no, si se nos están yendo con lucifer esos grandes iconos de la música, sin fijarse en el género más que en la jerarquía. Nuestras vacas sagradas han comenzado a partir al inframundo y digo el inframundo, porque sería demasiado ñoño el pensar en que llegarían al cielo a echarse un jamming al lado del Señor.

Días antes que empezara el 2016, la malaria se vía venir con el lamentable deceso de Lemmy Kilmister, joya del rock y fundador de Motörhead. Justo cuando la pérdida se lograba asimilar y 13 días después del fallecimiento de Lemmy, llegaba otra terrible noticia y nos enterábamos que David Bowie se volvía eterno y una leyenda de la música.

Le siguió la pérdida de Maurice White, miembro y  fundador del grupo musical Earth, Wind and Fire, así como Keith Emerson, quien fue teclista de Emerson, Lake and Palmer. En apenas cinco meses de este año en curso se han ido leyendas del calibre de Prince y gente importante de la industria musical, como el caso del productor George Martin, considerado por algunos como “El Quinto Beatle”.

Apenas hace dos días nos enteramos que John Berry, fundador de los Beastie Boys,  falleció debido a la demencia que padeció en el último periodo de su vida. Aunque no pudo disfrutar de las mieles que años después consiguiera la primera banda de hip hop con blancos, fue partícipe en los cimientos de la agrupación.

Parece que estamos pagando alguna penitencia y todas esas fiestas llenas de reggaeton a las que asistimos asisten están empezando a cobrarse. Sabemos que la edad de nuestros ídolos empieza a repercutir en su salud y comienza a mermarse la vida de estos divos de los escenarios.

Lo traumático aquí no es solo la pérdida de grandes músicos y artistas en toda la extensión de la palabra, lo crítico aquí, es que no existe una generación de músicos que pueda llenar los zapatos o cargar con la responsabilidad de ser quienes continúen el gran legado del rock.

Bien lo diría Noel Gallagher, su gato tiene más rock’n’roll que cualquier bandita actual que se les venga a la mente. Existe una escasez de músicos que puedan aportar algo nuevo o revolucionar al género y a la industria. ¿Debido a qué? La respuesta puede ir desde el poco talento hasta las believers.

¿Será que ya no existirán nuevas leyendas?, ¿quién podría aventarse el paquete de reinventar la escena o bien, quién se ofrece a continuar con este gran legado que han dejado Bowie y compañía? Al momento nadie levanta la mano y parece que la línea del tiempo de la música en este momento se encuentra aún en blanco o en pause.

Se corre el rumor que en el infierno cada vez aumentan los decibeles con riffs que el mismo diablo quisiera tocar y que acá, en el mundo mortal, pagamos la penitencia en vida con los nuevos discos de Carla Morrison y José Madero, alias el “me dan asquito mis fans”.

¡Te envidiamos lucifer, pura figura a tu alrededor!

 

 



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