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Dos festivales, un camino. Vive Latino y Corona Capital; el ambiente en cada uno de ellos

Bien, llegamos a un momento donde los festivales marcan una gran diferencia. Y es que más allá de tener un sin fin de ellos, siempre van a sobresalir algunos, aquellos que año con año atraen un público diferente, por obvias razones, el ambiente es otro, la gente es ¿diferente?, por ende la música que se presenta en el festival e incluso el arte del festival cambia con ello.

Pero creo que no entraré en un dilema social, ya que al diferenciar al Festival Iberoamericano de Cultura Musical Vive Latino, y el Festival Corona Capital, puedo o no compararlos de manera objetiva. Cada festival es diferente -eso lo sé perfectamente-, pero es que por más que no los quiera comparar no puedo, la ideología de cada uno es auténtica; sin más por decir, el género que alberga cada uno en cuestión de lengua hablada es contraproducente.

Festival Vive Latino

TODA una institución en cuestión de festivales. Este festival se organiza desde 1998 y año con año nos ha ido sorprendiendo; la innovación se sumó a su ideología, dejando de lado el cliché de ser solo un festival nacional, por así decirlo. A partir del 2005 ha ido anexando bandas internacionales. Inglés, portugués, ruso, bueno, un sin fin de idiomas han pasado por este festival.

Este 2016, el ambiente era basto. Como siempre se ha ido conservando la pequeña ideología de lo urbano en este festival, anexando la imagen de dioses, folclor, sabor, rumba y uno que otro secreto por ahí. La gente que asiste va desde: punketos, metaleros, gente que gusta del rock urbano, a los que les gusta la electrónica, el pop y alguno otro género que ni siquiera tiene nombre aún. Es más underground, no sé si sea el adjetivo correcto.

El ambiente va desde la típica persona que viste sus mejores harapos, a aquella que gusta de hacer algún cosplay; las botargas a veces también se hacen presentes. Es interesante, pero he escuchado a personas dentro del festival que hacen una especia de crítica a la demás banda. Que si están feos, chaparros, o sea el típico wey mexicano promedio de barrio -al menos eso es lo que yo he entendido-.

Como ya mencioné antes, la música que alberga va del pop, hasta el indie. Es por esas razones que el festival Vive Latino, es tolerancia, respeto, es paz, es baile. Uno puede hacer lo que se le de la gana sin que nadie te critique (directamente), tu cerveza a un lado, tus amigos, un pequeño porro, comida -que esta súper cara pero la compras para sobrevivir- y la entrada a los baños que siempre son un asco el segundo día, mercancía de bandas en el aclamado Tianguis del Chopo, el Faro de Oriente, las proyecciones en Ambulante y ahora con la inclusión de un escenario con Stand-Up.

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Corona Capital

Creo que sin duda el festival más fresísima (Wuuuuuu!) en CDMX. Este festival se organiza desde el 2010 y personalmente, creo que ha alcanzado el mismo nivel de audiencia o más del que podría tener el Vive Latino, en tan pocos años de existencia.

Más gente de Polanco, la Condesa y lugares aledaños se dan cita a este festival que la principal razón es por el cartel. Creen (y también yo), que es como un mini Coachella o Glastonbury y efectivamente lo es. Este festival se ha ido alimentando de los ¿hipsters?, ¿podría ser?, bueno, como sea, el chiste en este festival es que las bandas, que su propuesta es principalmente en inglés, son de las más preciadas, ya que son agrupaciones que como diría mi madre: Ni en su casa los escuchan, pero bueno, cuando se anuncian hacen ruido dentro de este pequeño gran gremio de público conocedor.

Aquí podría decir que la gente es muy diferente, alta, blanca y con ojos de color, barba pelirroja, e incluso con un acento muy marcado jajajaja, bueno, al menos quiero pensar que no soy el único que lo ha pensado.

Los escenarios son muy diferentes; el arte es más futurista, como más moderno y mostrando la post-modernidad plasmada por artistas que viste pantalones pegados, un poncho tribalero, gafas grandes y botas cafés. Cliché.

La comida sigue igual de pésima, las bebidas un poco más caras, pero oye, si estas fumándote un porrito, los guardias de seguridad entran hasta donde estas y te sacan cual vil delincuente. Los robos de carteras y celulares son muy común. Se hace una forma más factible para comprar comida y bebidas sin formarte con una plataforma para personas que tengan perfil bancario. O sea te ven con cara de dinero, pues supongo que es por el tipo de gente que va. Hay algunos que solo van con lo justo. Discriminación le dicen.

Tus amigos se empedan más rápido, pues sienten que son inmortales, despilfarran el dinero, sus novias son las típicas mujeres que quieren estar casi hasta adelante pero que nadie las empuje o toque y cuyos novios ponen una especie de barrera de codos para que nadie pase por ahí.

Sombreros grandes, botas y pantalones de colores, alguna que otra playera de Joy Division portada por alguien que yo creo en su puta vida los ha escuchado y camisas a cuadros. Las mujeres con un short negro, un bolso pequeño y labios rojos. El ambiente es mas pro, más compulsivo con las marcas de zapatos, autos y ropa que están patrocinando el festival. Sin dejar de mencionar a las grandes celebridades que se aparecen entre el público -no, no estoy hablando de ti, Natalia Lafourcade-.

Si decir más y haber rescatado todo lo diferente que tiene cada festival, hacemos que cada uno de ellos sea auténtico, y que tenga su marca propia. La vida emerge en cada rincón y grada que hay a su alrededor. Nosotros hacemos los festivales, les damos sentido. Hacemos que valga la pena gastar más de mil pesos por dos días para que veamos ese fin de semana como algo épico.

¿Falta algo que mencionar? ¿se nos escapó algo?, dinos tu punto de vista #FestJumper.

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