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I still do…|Clapton sigue siendo Dios

Una frase poderosa, confiable, firme. Nadie que haya seguido la trayectoria de ‘Slowhand’ podría decir lo contrario. En sus inicios formó parte de la «Santísima Trinidad del Rock», esa leyenda que se creó con el éxito de los Yardbirds, teniendo como miembros nada más y nada menos que a Jeff Beck, Eric Clapton y Jimmy Page. Cada uno en solitario dió paso y creación a géneros alternativos del rock: Jeff Beck con el blues experimental, Jimmy Page al hard-rock con Led Zeppelin  y Clapton al rock psicodélico, éste último con Cream. Estos músicos transformaron el sonido raíz: el blues elevado de ritmo y de distorsión montando en sonidos diferentes, repetimos; la música raíz llegaba a oídos de la juventud a manos de estos tres personajes y muchos otros más.

Clapton regresa con el disco I still do el cual nos manda mensajes al subconsciente. Le habla a nuestro Yo primario. El blues crudo y la voz profunda hacen de este disco una obra como hay pocas en nuestros días, él sigue teniendo esa extraña virtud de sonar como si hubiera salido de los campos de algodón del sur de Estados Unidos, aun siendo más inglés que el pescado con papas.

Las historias son las mismas: canciones perfectamente tocadas, pero son ese espíritu interno y esa voz de dolor que sólo tiene el blues. Clapton rescata las historias de amores tortuosos y la cotidianidad. Clapton puede construir y edificar desde donde le pegue la regalada gana. Al recordar que en algunas bardas declaraban «Clapton is God» no dudo que el impulso juvenil haya desaparecido, al contrario; todos los que escribieron esas pintas en las calles de Inglaterra seguramente están disfrutando de una manera diferente el hecho de que su Dios, el-mano-lenta, siga haciendo canciones que vayan mejor con la vida que han adoptado. Eso de andar haciendo ácidos con The Jimmy Hendrix Expirience o inhalando cocaína con tus amigos de The Beatles se ve un poco forzado a los 71 años. A esa edad la dignidad es primero.

Qué contento y qué feliz me encuentro escuchando este disco. Blues para el alma. Aullidos para la vida cotidiana. Música para dignificarse y para seguir pensando que el rock & roll actual está pasando por un momento difícil y que sólo podemos hacer como lo hacían antes de que se tuviera Internet: ibas con los viejos en busca de conocimiento y sabiduría.

Desde un plano diferente, disfrutando del blues de alta manufactura de un músico que en la juventud fue un psicodélico ruidoso y experimental. Gracias “Slowhand”, sabemos que sigues siendo aquel.

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