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La importancia de llamarse Kanye West

Es innegable que desde su aparición en la escena musical la ha dominado por sus comentarios polémicos. Ha construido una carrera basada en su narcisismo, creando un personaje de ficción muy exitoso llamado Kanye West.

Kanye no dudó en acusar a Bush por los acontecimientos del huracán Catrina en Nueva Orleans de racista y comentar que “A Bush no le gustan los negros”

Para después argumentar lo siguiente:

“Yo dejo que hable mi corazón sin pensar en mi imagen o cómo me va a afectar financieramente”

Como única disculpa por sus ataques contra el presidente estadounidense durante uno de los maratones televisivos para recaudar fondos para los damnificados.

Continuamente le gusta estar en la línea de fuego, como sus famosas interrupciones en las entregas de premios, sólo hace falta ver la cara de Taylor Swift y Beck al ser interrumpidos por Kanye. 

Hoy no es diferente con la salida de su nuevo disco y sus declaraciones de que es el mejor de la historia, a través de sus redes sociales en especial de Twitter, se ha vuelto tema de conversación, todos los días. ¿Casualidad? No lo creo. 

Kanye es maestro de la manipulación de masas, su estrategia de marketing es impecable. No en vano se casó con otra de las maestras en este tema. 

Para él, provocar, incitar, son sus armas artísticas. Recurre al viejo refrán publicitario “No importa que hablen mal de ti, pero que hablen”. Ha logrado que todos crean en su personaje, en ese ser excéntrico que domina mediaticamente. Hay gente que gusta de hacer lo políticamente incorrecto, como forma de vida. Y Kanye sabe hacer eso a la perfección. 

El tipo se cree más de lo qué es, eso es clarísimo, pero honestamente en este círculo de escritores, músicos, cineastas y artistas la mayoría son así. Se creen lo máximo, ¡hey¡ si ellos no creen en ellos ¿quién lo va a hacer?

Obviamente todo aquel que crea algo, va a decir que es lo máximo, sino ¿cuál es el punto de crear si no crees en lo que haces? Y el que todos los días se esté hablando de él es la prueba de que al menos por morbo hay alguien pendiente de lo que está haciendo. 

Es justo aquí donde encuentro interesante compararlo con la obra de Oscar Wilde “La importancia de llamarse Ernesto”. Esta obra es una sátira, una burla  a la sociedad inglesa, se mofa de todos ellos con diálogos absurdos, se ríe de su arrogancia y contradicciones, con un espectacular manejo del doble sentido. 

¿Les suena familiar?

Todo aquel que no crea que Kanye está jugando con ellos y que es en serio las cosas que hace/dice está completamente equivocado. 

Hace unos días una de sus víctimas fue el gran productor Bob Ezrin. Éste declaro: West “no ha abierto nuevas avenidas del discurso público como NWA, ni le ha presentado al mundo una nueva forma de arte como Grandmaster Flash, ni siquiera ha introducido en su música de forma significativa y memorable los problemas sociales”. Para después acusarlo de comportamiento excesivo, rabietas ególatras y grandilocuencia de mal gusto.

“Es como el exhibicionista que interrumpe un partido crítico para correr desnudo por el campo”. dijo Ezrin

Efectivamente ese es Kanye West.

Es cierto que se comporta como un niño creativo, caprichoso desesperado por atención. Puedes estar de acuerdo o no con la forma en la que Kanye West se maneja, puedes amarlo u odiarlo, lo cierto es que nunca te puede dejar indiferente y eso ya es ganancia. 

Existe porque lo ven, si nadie la viera ni le hiciera caso desaparecería, pero la gente ama odiar, la euforia que causa donde se presenta lo han llevado a hacer declaraciones como la que hizo en Glastonbury 2015

“Voy a decir eso esta noche porque puede ser que en 20, 30, 40 años no pueda decirlo, pero lo puedo decir ahora…Están viendo a la mayor estrella viva del rock en el planeta”.

Y todo esto funciona porque tiene una legión de fans que lo han vuelto rey. Como dice el dicho «Loco no es el que se cree rey, sino el que lo hace rey». Y valiéndose de la trillada frase de Nietzsche ¨Lo que no te mata te hace más fuerte¨ se mantiene en pie.