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La HH. Botellita de Jerez2

La vida nos explotó en la cara

“No se culpe a nadie de mi muerte: es un suicidio, una decisión voluntaria, consciente, libre y personal”
Armando Vega Gil

Es complicado iniciar este texto sin una gran consternación por todo lo que ha sucedido, sin embargo, nace de mí decir que lamento el fallecimiento de Armando Vega Gil, gracias a él y a la HH Botellita de Jerez, aprendí que lo político y el arte hacen buena mancuerna.

Justo hace unas horas en redes sociales, Armando Vega Gil dejó una carta de despedida colgada en TW, en la misma, mencionaba cómo el movimiento #MeTooMúsicosMX, una cuenta que en los últimos días se ha dedicado a visibilizar casos de abuso y acoso hacia mujeres por parte de músicos de la escena nacional, lo había exhibido con una denuncia que iba a dañar su carrera para siempre, así que para evitar el escrutinio público tomaba la decisión de terminar con su vida.

Muchos pensamos –sí, me incluyo- que hablaba de un suicidio metafórico, uno en el que se aislaba de los juicios y prejuicios, dimes y diretes de las redes sociales o la vida pública… pero no fue así. ¿Y ahora? Vamos, que son demasiadas las cosas que debemos pensar. P

or una parte, el suicidio de Vega Gil nos dejó abiertas muchas cajas de Pandora al mismo tiempo; hay cientos de personas que culpan al movimiento #MeToo de orillarlo a tomar la decisión tras las denuncias públicas que se hicieron contra él y por otra, se encuentran los que califican a este suicidio como un acto violento más, que invierte los papeles, la víctima se vuelve victimario porque ya saben “you made me do it”.

Sin embargo, la forma en que se dio el fallecimiento de Vega Gil, abrió un tema muy importante a debatir y es el de la salud mental. Hay que tener siempre presente que los suicidios no son hechos aislados, son multifactoriales y dependen de un contexto social, biológico, cultural, genético y psicológico. Abstraer un fenómeno social complejo como el suicidio a solo la consecuencia de una situación “problemática” es irresponsable, estigmatizante y superficial.


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Según datos de la OMS, los trastornos mentales como la depresión, son un importante factor de riesgo de suicidio en Europa y América del Norte y también afirma que “ las mayores tasas de suicidio se han registrado entre los varones de edad avanzada, aunque las tasas entre los jóvenes han ido en aumento en los últimos años”.

Estos últimos datos deberían ser considerados antes de culpar a un movimiento internacional que nació ante la impunidad e incompetencia de las autoridades para darle solución, e incluso seguimiento a los casos de abuso y acoso sexual, cuando a) actualmente la prevención del suicidio no se ha abordado de forma adecuada debido a la falta de sensibilización y el tabú en torno al tema y b) por siglos, las sociedades patriarcales–entre ellas, la mexicana- nos han enseñado que los hombres no deben llorar, ni demostrar sentimientos. El machismo no solo afecta a las mujeres, recuérdenlo siempre.

Reducir la decisión que tomó Armando Vega Gil como consecuencia de lo que se dijo en una cuenta de Twitter –sea falso o no- es ignorar un probable estado de salud mental deteriorado con el que muy probablemente el músico llevaba años lidiando y del que nadie es responsable.

En redes sociales las cosas están que arden. Hay muchísimos detractores del #MeToo, satanizan y culpan a las feministas detrás de las cuentas de Twitter que “desataron esta cacería de brujas” que ya cobró “su primer víctima” y por otra, están los detractores de Vega Gil que minimizan la dimensión de su suicidio y lo condenan como una acción violenta hacia la persona que lo denunció, por responsabilizarla implícitamente de su muerte.

 

Lamentablemente esta discusión está perdida, todo mundo busca un alguien-algo que pueda culpar para eximir responsabilidades de lo que hoy ocurrió. Lo injusto de esta discusión es que se pierden de vista dos grandes temas que nos atañen a TODOS, uno de ellos es la visibilización de los actos de abuso y acoso contra las mujeres, la denuncia pública de los mismos y el otro la falta de comprensión y empatía hacia los temas de salud mental. Las cosas aún están muy frescas y los argumentos aún vienen de las entrañas. Respiremos, respetemos y callemos unos minutos antes de ser jueces irascibles e implacables que defienden visceralmente un lado de la moneda. Abramos la discusión.

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