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McCartney: el beatle que sigue haciendo historia

El pasado 28 de octubre el Estadio Azteca viajó por el tiempo junto una de las personalidades más mediáticas y extraordinarias del ámbito musical, Paul McCartney. El británico se encargó de convertir el Coloso de Santa Úrsula en una magna máquina del tiempo y recrear la emblemática historia musical que ha creado Sir Paul en solitario o en sus diversas bandas.

Su trabajo con The Beatles, Wings y su carrera de solista fue compartido esa noche a los más de 50 mil seguidores que se congregaron en el recinto deportivo. “Es increíble estar de vuelta”, comentó con su particular español a su público. Recordemos que su última estancia en la Ciudad de México fue documentada en el Zócalo Capitalino con más de 250 mil almas,  hace cinco años.

McCartney salió a escena a las 21:18 horas con el tema “A Hards Day’s Night”, vestía con un atuendo de chaqueta azul eléctrico, camisa azul cielo y pantalón del mismo color, aunque en otra tonalidad. Cargaba su icónico bajo Höfner 500/1 (que más adelante fintó al público más ingenuo, ya que los engañó al “querer” aventarlo hacia ellos; “Ese no se regala”, dijo Paul a uno de sus fans). El Azteca se encontraba parcialmente lleno. Público de todas las edades gritaban y se estremecían al ver a un beatle en escena.

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El rock melódico de “Can’t Buy Me Love”, “Letting Go” y “Got to Get You Into My Life” fueron las siguientes en apropiarse de los asistentes, dichas piezas dieron pie a una de las canciones favoritas de Paul en su etapa con Wings: ¡“Let Me Roll It” fue coreada hasta las notas de guitarra! McCartney ya no contaba con su chaqueta azul y se había desabrochado el primer botón de su camisa. La comodidad del zurdo bajista amenazaba con presumir sus rolas más energéticas. Luego anunció una dedicatoria: “Esta canción se la escribí a mi esposa Nancy, que se encuentra aquí”, acto seguido, levantó su mano por encima de sus ojos en busca de su amada. “My Valentine” empezó a sonar. Mientras en pantalla Jhonny Deep y Natalie Portman comunicaban en lenguaje de señas la letra de la canción.

Ya nos encontrábamos a mitad del concierto cuando un suceso histórico se hizo presente: por primera vez en México se interpretó “Love Me Do”, unas de las primeras canciones grabadas en estudio por el cuarteto de Liverpool. Al calor de las interpretaciones y la euforia generada, compartió gustoso:

 “Son a toda madre”

En seguida, recordó a los presentes que “los derechos humanos son muy importantes”, con un gesto serio y llevando su dedo índice a su cabeza, “Black Bird” fue cantada con los puños levantados. Cada que tuvo oportunidad, el inglés gritó: “¡Fuerza México!”. El momento emotivo del concierto no había parado ahí, la canción escrita por el mismo Paul, dos años después de la muerte de John Lennon, agudizó la atmósfer. Algunos con nudos en la garganta entonaron entonces “Here Today”. Después de un par de temas, “Lady Madonna” estremeció a los asistentes, icónica canción de The Beatles.

“FourFiveSeconds” y “Eleanor Rigby” contrastaron el ambiente, hasta que una canción invadió el setlist del multi instrumentista: “La próxima canción se la escribimos a los Rolling Stones”, anunció Sir Paul; se trató de “I Wanna Be Your Man”.

Paul McCartney es una leyenda viviente, y aunque suene a cliché, nadie lo va a quitar de ese galardón que se ha ganado con los años. Es uno de los artistas que ha mantenido 24 de sus sencillos en las listas más populares en Estados Unidos durante 98 semanas (alrededor de 2 años) ¡en el puesto número uno! Que va, es  McCartney: uno de los mejores compositores y letristas de la historia. Puede hacer lo que quiera.

“La próxima rola se la dedico a mi cuate George Harrison”, Paul quedó en soledad en tarima ante las 50 mil personas, solamente un ukelele le acompañaba y empezó a entonar una de las canciones históricas de la última etapa del cuarteto; “Something”. Sabíamos que la recta final ya estaba cerca cuando “Ob La Di, Ob La Da”, “Band on The Run” y “Back in the USSR” rompieron con las complacencias mas sugeridas por los fans. Sí, Paul estaba por tocar 30 canciones en dos horas. Cuando El Coloso de Santa Úrsula se iluminó totalmente por las luces que desprendían sus celulares, unos más nostálgicos compartían el fuego de su encendedor y “Let It Be” a una sola voz cobraba vida.

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El clímax del concierto fue cuando “Live and Let Die” retumbó el sentir del Estadio, con mayor fuerza por el excelente trabajo de sus técnicos de luz y sonido con mayor reconocimiento el encargado de pirotecnia. Ya que en conjunto la luz, el sonido, los juegos artificiales y la melodía en cuestión iban asombrosamente sincronizados. El himno que distingue las presentaciones de McCartney, “Hey Jude”, por fin fue compartida, y con tremenda emoción fue cantada por todos. “Ahora los hombres, ahora las mamacitas”, dirigió a los presentes para cantar el coro.

Se despidieron. Salieron y regresaron en cuestión de minutos. Ni un alma se movía de su lugar. Al regresar a escenario todos los integrantes cargaban con ellos banderas, entre ellas la de Estados Unidos, la de la comunidad LGTTI, Reino Unido y la de México en manos de Paul. A este regreso se incorporó a la lista “Yesterday”, en seguida “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” y “Helter Skelter”, temas que hicieron a los asistentes levantar sus brazos y cantar con la poca voz que ya les quedaba.

Después, cinco invitadas seguidoras del cantante acompañaron a Paul cantando “Birthday”, las afortunadas incrédulas de que esa realidad realmente sucediera. Para acabar “Golden Slumbers”, “Carry That Weight” y “The End” pusieron fin a uno de los mejores conciertos del año.

Sir Paul McCartney puede hacer lo que quiera.

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