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Oczy Mlody: El ojo de los Flaming Lips no es tan melodioso

La escena de la música experimental parece haber alcanzado un nuevo paradigma: hacer música experimental para quedarse en una zona de confort. Algo que va totalmente en contra de lo que se intenta. Este es el nuevo logro de The Flaming Lips, que nos presentan Oczy Mlody.

Después de un par de años de descanso en una época que sus principales logros era hacer —innecesarios, por cierto— tributos track por track a discos que no necesitan revisión alguna como el Dark Side of the Moon, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band o hasta el LP debut de los Stone Roses.

Les tomó un par de años regresar al camino de la originalidad, donde tal vez hubieran tomado otros meses. Se escuchan cansados; pareciera que ese afán de querer ser siempre diferente y deslumbrar les ha pesado, en especial a Wayne.

Como ese cameo de Miley Cyrus, BBF de la banda desde hace un rato, dónde queda totalmente desperdiciada. La capacidad de ella para escribir letras no ha sido realmente un éxito, pero eso lo compensa con la voz que tiene —escuchen los covers que le hace a Dolly Parton, para entender este punto; por eso es un artista tan desperdicia en cosas inocuas, que quien sabe de donde lo podría haber aprendido—.

No todo es grave en el disco, hay algunos puntos altos. En el caso de “Galaxy I SInk” es un punto bastante alto, parece que ser el camino que intentaron llevar por todo el disco, parece ser que aquí se guarda la esencia de todo lo que querían hacer. Sobre todo la parte de los violines, le da una elevación especial; le da otro sentimiento a la canción, sobre todo ese momento en el que solo va acompañado de un pequeño redoble.

flaming lips

El otro punto alto del disco es un largo “Listening to the Frogs with Demon Eyes” rebasa los 7’30 y logra crear una atmósfera musical que parece ser un poco independiente del disco. Toda la duración le da para jugar con esto y lograr algo que en los demás track parece no quedar. Y las letras se siguen quedando cortas.

Por que es el problema del disco, es no lo lograr ser conceptual; algo que parece un fracaso para todo lo que intenta Coyne en sus álbumes. Es una de las marcas de la casa de la banda. La historia es bastante endeble en la letra que intenta formar un hilo narrativo.

Más que un disco de altibajos, es una donde ese puntos altos que nos denostaron nos hace pensar que hubiera sido si hubieran mantenido toda la inspiración a través de todo un álbum. Como el desacierto en la manera de usar a Miley, que para una banda que se jacta —o la jactan— de ser demasiado fans de Pink Floyd y de Syd Barret, perdieron aquí una oportunidad de oro para hacer algo estilo “The Great Gig in the Sky” —que no es de Barret, pero igual es parte del punto—.