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Radiografía del Chavoruco

Es menester de chavoruco decir que antes todo era mejor. Cada década tiene a los suyos, por ejemplo los de los 50 no aceptan a los jóvenes de los 60 y así sucesivamente. 

Esos pequeños o grandes pensamientos, estilos de vida, de vestir, de música, de vivir. Que abruptamente irrumpen la realidad, incitados por esos que son tan nombrados, que son juzgados como inmaduros, esos que sueñan con cambiar el mundo, esos que a cada generación parecen incomodarles, esos que el gran ex presidente chileno Salvador Allende definiría mejor que nadie en su discurso en el Auditorio Central del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara el 2 de diciembre de 1972.

Al decir que “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción, incluso biológica”. Y que cada época tiene a los suyos, muchos han pasado a la historia por su idiosincrasia que al pasar de los años sigue teniendo vigencia ideológica,y espiritual, llámense vaselinos, hippies, hipsters, punks, darks, emo, etcétera.

Todos ellos se vuelven emblemas de una década. Hoy vemos la falta de originalidad al recrear e incluso prostituir los ideales por modas, de todos esos soñadores. 

Ya lo apuntaba Amélie Poulain “Son tiempos difíciles para los soñadores”. Esta frase aplica para cualquier época, las situaciones no cambian, la historia está devorada por el Uróboros, destinada a repetirse infinitamente, aquella premisa griega, que ha sido tan utilizada por tantos personajes y escritores “Aquel que no aprende del pasado está destinado a repetirlo”. Esto traducido a la sabiduría popular es el “como te ves me vi, como ves te veras”.

Es donde la vejez, la falta de apertura y aceptación. El anclaje a una década hace que el círculo nos siga devorando. Personas que dicen que Pink Floyd es lo máximo y que ya no hay música como esa, los mismo con Led Zeppelin, The Beatles, hasta llegar a Radiohead, Bauhaus, incluso los más jóvenes ya empiezan a decirlo con bandas más actuales. Y esto aplica para todo, comida, películas, series de tv, caricaturas. 

Cada individuo pertenece a su contemporaneidad, cuyos influjos pueden estar dotados de algo de pasado. Que arquetipicamente se recrea bajo la influencia del entorno. Todo depende de una situación en el mundo (dónde se nació, en qué año, etcétera). 

Justo son esos cambios estructurales los que forjan el rumbo de una época mundial. Se habla de una nueva conciencia, lo cual no es real, es un cambio en la forma de actuar, pensar, un ejercicio de libertades. No es la misma libertad, ni la misma cultura que tenemos hoy, que la que había en la edad media. Esto pudiera parecer una evolución, un progreso en la humanidad, lo cierto es que solo es un cambio en conductas, el hombre y sus instintos y sus juicios apriori siguen y seguirán siendo los mismos. 

Se cambia o más bien se suple una cosa con otra. La óptica con la que se mira el mundo es dependiente de la edad. Si se es chavoruco se mira a los jóvenes como infantes, si se es joven se ve a un chavoruco como señor. 

Lo cierto es que uno no es joven eternamente, y aunque todo en la vida es una cuestión de actitud, el tiempo pasa dejando estragos y aunque el ideal sea rockear forever como Keith Richards, muchas veces la factura te llega antes. 

Y la pérdida de sueños e ideales, por responsabilidades, paternidad, y todas las vicisitudes de ser adulto, ven como se fuga la bella ilusión de una juventud eterna.

¡Oh! ¡Juventud divino tesoro!

Y esa amargura corroe se impregna y contamina trasformando en todo lo que se había odiado años atrás. La ingenuidad de ser joven, sus placeres, su impulso por vivir, son cíclicos y el estancamiento posterior es la antítesis de esa vida vivida, que se ha transformado que ya no es, por eso los oldies, la nostalgia y todas esas cosas que hacen viajar la memoria en el tiempo y regresar a días más agraciados tienen tanto éxito. 

Para concluir el ocaso de la vida nadie lo plasmó mejor que el poeta Jaime Gil de Biedma.

Que la vida iba en serio 

uno lo empieza a comprender más tarde 

-como todos los jóvenes, yo vine 

a llevarme la vida por delante. 

Dejar huella quería 

y marcharme entre aplausos 

-envejecer, morir, eran tan sólo 

las dimensiones del teatro. 

Pero ha pasado el tiempo 

y la verdad desagradable asoma: 

envejecer, morir, 

es el único argumento de la obra.