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Reseña: Calacas Jazz Band

Fotos: Laura Rangel (@lau5s)

Parece que llegamos al Lunario del Auditorio Nacional en un Peugeot Type 176 impulsado por 1.21 gigawatts. Parece que hemos llegado a un lugar donde en cualquier momento nos vamos a encontrar con los Ernest, con los Pablo, los Scott y la Zeldas de los ’20; Francia en la década de 192o para ser mas exactos.

Todo esto provocado por la presentación de esa noche: Calacas Jazz Band con Swing México presentando noches de Dixie land y Lindseyhop, provocando una transformación del lunario en el legendario Savoy Ballroom.

Todo un show sui generis, desde el comienzo. Un show de stand up improvisado con un gringo, mientras salían mas personas al escenario, todos de Swing México que se preparaban a tocar las canciones, que ya se las habían aprendido y que eran muy fáciles, hasta que los Calacas llegaban y se apropiaban de sus instrumentos, para que entre las risas y el aplauso del respetable comenzara el espectáculo.

Las plumas en la cabeza, las perlas largas y los vestidos que volaban a la mínima oportunidad creaban una atmósfera diferente, creando un lazo especial entre los que estaban arriba y abajo del escenario ya que se homologaban con la banda; con los vestidos de Maria Arellano (voz) y Jazmin Luna (saxofón alto), así como las vestimentas de los caballeros, que incluían tirantes y sombreros o corbatas anchas como pudimos ver en Cristian Merino (banjo y guitarra), Olson Joseph (trompeta), Alonso López (contrabajo), Gary Anzures (trombón) y Alejandro Hernández, el baterista, que tenía la peculiaridad de que su bombo era una de esa maletas gigantes de plástico y un lavadero de esos antiguos para realizar sus percusiones.

Todos ellos perfectos al ritmo del hot jazz, que parece que lo traían directamente desde Nueva Orlenas con esa voz poderosa de María. Parecía que en cualquier momento saldría Louis Armstrong a acompañarlos, mientras los Swing México ponían los pasos de baile, que solo ellos podían hacer ya que el lugar se encontraba lleno.

Al ritmo, seguían demostrando sus habilidades, como un solo de Alejandro que iba de su batería al suelo y luego a una mesa con utensilios especiales para ello, o las chances que tuvieron todos los instrumentos de viento para hacer notar su talento; iban acompañados por actos circenses, que incluían malabarismo con pinos, actos en mono ciclo y pirámides humanas.

Hubo un acto que sobresalió: Cristian se pasó a la guitarra y dio pie a que Lola Casteri saliera al escenario, para realizar un espectáculo de danza aérea sobre un trapecio. Si hubo un momento que no se escuchaba a la gente cantar o aplaudir, era este. Atentos a todos los movimientos que realizaba Lola, que convertía a su cuerpo en un lienzo; todo musicalizado por los Calavera.

Un show tan íntimo que solo podía terminar de una forma: tocando entre el público. Cuando parecía que ya no habría mas, comenzaban el encore desde un costado del público mientras iban recorriendo todos los pasillos que la gente dejaba al ritmo de “The Saints Are Coming”.

Y el verdadero final fue la “firma de autógrafos” improvisada para todos los que comprarán su LP en el lobby, un artista que sabe que se debe a su público es un gran artista.

Probablemente este vaya a a ser el mejor concierto del año del que pocos se enteraron (lamentablemente).

 

 

 

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