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Reseña: Guadalupe Plata 2015

Fotografía: Gisela Terrazas

La propuesta de Guadalupe Plata puede ser una fórmula sencilla: blues moderno. Pero verlos en vivo resulta toda una experiencia difícil de encajonar en la música que se hace hoy día. Desde Úbeda, España el trío integrado por Pedro de Dios (guitarrista y vocalista), Carlos Jimena (batería) y Paco Luis Martos (bajo, contrabalde y guitarra), han creado un estilo único que proviene del más allá del blues-rock con guitarras intensas y ritmos que sacuden a cualquier esqueleto.

La agrupación ha editado cuatro álbumes de estudio de manera homónima desde 2008, pero no fue hasta 2013 que la agrupación tuvo su momento cumbre al ser bien criticados y reseñados, tanto que recibieron premios como mejor artista del año, mejor álbum de rock y mejor disco Europeo, el cual los trajo a México al Festival Vive Latino 2014 y tuvimos la oportunidad de verlos en solitario en Caradura ese mismo año. Guadalupe Plata lanzó su cuarto álbum Guadalupe Plata 2015 vía Everlasting Records e hizo de las suyas nuevamente con temas que hablan del diablo, de tormentas, de gatos (ya les cachamos el gusto por los ronroneos) y serpientes, porque el sonido de la banda cada vez es más fino e hipnotizante, que bien podría funcionar para sonorizar toda una saga completa de Quentin Tarantino.

“Tormenta” inicia el recorrido por uno de los discos que se introducirán poco a poco en el alma de todo buen old school, algunas pausas en la música son necesarias y se disfrutan, en este caso Guadalupe Plata sube y baja el volumen, va introduciendo letra y compás que invita a danzar como en un ritual de iniciación de alguna secta “bluesiana”.

Los animales son parte de la vida de todo músico, el más querido por todos es el gato, porque, ¿quién más pudiera entender nuestra espiritualidad que ellos, los felinos? Ya es viejo conocido ese tema, pero, ¿qué hay de las ratas? Se dice que los felinos se encargan de ellas en casa, se dice. “Huele a Rata” es más como un trip para un concurso de baile o una catafixia entre el amor y el odio, mejor dicho el “amodio” con frases como “Tu amor me huele mal”, podemos elevar la imaginación y pensar en que alguien nos está queriendo pedalear la bicicleta, caray.

“Calle 24″ es el primer sencillo lanzado que a todos nos dio bastante gusto escuchar. Algo más brutal, rápido y conciso. A mí, por ejemplo, me quedó perfecto el tema, ya que cumplí 24 años en mayo, mismo mes del estreno del álbum.

Alguna vez me pregunto por qué nos gusta tanto vagar por las calles, vivir en la fiesta con los amigos y ser callejeros como “Hoy Como Perro”, quizás el blues moderno que hace Guadalupe Plata en su contemporaneidad se deba a que los vagabundos necesitamos música para alimentar el alma y las “Serpientes Negras” de la vida. El quinto track es sublime, la letra nos habla de un infierno lleno de sufrimiento que espera ser olvidado pronto y qué mejor manera que con guitarras encendidas, una batucada que nos invita al trance y nos incite al cambio.

A estas alturas ya tenemos que darle “Filo De Navaja”, subirle dos tonos a la obscuridad y al misticismo, pues el virtuosismo de Pedro de Dios olvida la soberbia del mundo para abrazarnos con riffs que hipnotizan y nos regresan a épocas que no conocimos, pero que nos resultan familiares.

“Mecha Corta”, “Agua Turbia”nos registra en una película de los 50’s, los olanes de las faldas vuelan hasta la yugular. Pero llegan los mininos a intervenir de nuevo en “Hueso de Gato Negro” y “El Paso Del Gato”, que renacerán de las cenizas de sus siete vidas nocturnas con alma de extranjeros en cualquier ciudad (México) y terminarán con “Tengo El Diablo En El Cuerpo”, para reafirmar que nos hemos portado muy mal, pues la música de Guadalupe Plata no es para niños bien, es para catadores de old sound que saben degustar un vino tinto en primavera.