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11.29.2012slimspanishsoccerclub

Todo México es territorio, ¿de quién?

«El número Telcel® que Usted marcó no está disponible o se encuentra fuera del área de servicio; le sugerimos llamar más tarde» decía aquel mensaje que ya ni la burla perdonaba. ¿Por dónde empezaba uno a mentar madres? ¿Por nuestro instinto psycho elucubrando por qué carajo no nos contestan?, por ¿por qué diantres no estaba disponible?, por ¿a qué se refería lo de ‘fuera del área de servicio’ —siendo que esa expresión abarca desde zonas a las que el progreso que promete Peñejo no ha llegado, pasando por túneles y carreteras inhóspitos (o inhxspitxs, si me lee alguna feminista de ultranza),  llegando también, claro, a hoteles de esos donde hasta te graban—? Y en todo caso, ¿fuera del área de servicio? ¿Qué no todo México es territorio Telcel®?

Pues bien, hoy en día lo que se escucha es un muy diplomático: «Buzón de voz; (y eso sí, ni modo que no) la llamada se cobrará al terminar los tonos siguientes)». Más light, más polite, pero en esencia igualito: evidentemente no te van a pinches contestar porque no le pinches importas en ese momento (al interlocutor, y menos a la empresa). Los mercadólogos, lectoralectorqueridos, esos mismos que de algún modo incomprensible nos pasearon en un viaje sinuoso y ondulante desde el primigenio minuto a  $ 5.00 M.N. (más I.V.A. [es neta, millenials, eso costaba antes]), hasta los planes “ilimitados” que les llaman, los esos que dicen que gratis, aunque no sé a qué se refieren con gratis si uno tiene que pagar cada mes, y considerablemente más que en otros países.

Si ustedes se preguntan por qué les cuento esto, yo también lo hago, pero es que este rollo de la telefonía celular tiene ya más de una década que dejó de ser medio de una élite (o wannabe élite), para volverse cuasiuniversal en la contemporaneidad. Yo recuerdo que en mis ya lejanos años escolares, mi amigo Pedro Reina fue el primero en tener un celular en toda la historia de la Escuela Nacional Preparatoria No. 9 (me persigno). Era toda una rareza (el celular) (bueno, también mi amigo): un tabicón Nokia918® cuya enormidad física sólo se comparaba con la enormidad de la chaladura, pero ya no lo es en lo absoluto. Hoy día me he encontrado incluso homeless, limpiaparabrisas, limosneros, contestando celulares. Los azafranados y medio suicidas vendedores de tarjetas de prepago en los cruceros dieron paso a las hoy día muy democráticas recargas de $ 20.00 en las tiendas de ‘conveniencia’ (cuya conveniencia es sólo para los empresarios depredadores que le dan en la madre al comercio local) de su preferencia. Es más, ya ni eso, porque hoy, el individuo que ya cobró le pasa salidito al que aún no, o a la damita dueña de sus suspiros, y de ese modo estamos todos conectadotes siemprototote, para que todo México sea territorio Telcel®, ¿no?

¡Pues no, carajo, claro que no! ¿Todo México territorio Telcel®? No mamen, si 3 de cada 5 llamadas se n de la chingada o se interrumpen abruptamente; si siempre está todo mundo ahí pegado a una esquinita, a un cachito de México a ver si por ventura ahí sí es territorio Telcel®, porque quiza más bien lo que sí es territorio Telcel® son nomás nuestros bolsillos. Y dirán ahorita que AT&T® y no sé qué, pero eso es reciente, porque antes, ¿qué? ¿Movi? Igual usaban la red del este héroe de las revistas Expansión® y esas.

Y es que ese es justo el problema. Existen algunos obtusos que piensan que es bien positivo que un tal Carlos Slim Helú sea uno de los hombres más ricos del mundo. ¡Del mundo! En un país con tanta carencia, con tanta hambre de toda índole. Disculpita, pero eso no es un honor, sino una ignominia. O qué, ¿es que Sanborns® está realmente delicioso? ¿Los Ostar® son los mejores hoteles de la galaxia? ¿Condumex® es irremplazable? ¿PC Constructores® dejaron la línea 12 a toda madre? ¿El New York Times® es el medio más confiable del mundo? ¿Banco WalMart® es la mejor institución financiera del país? ¿Lo es Inbursa®? ¿Neta que Prodigy® es la conexión más rápida? ¿Qué diría de ello un coreano, un finlandés, un japonés?

180 empresas, 77,000 millones de dólares (más o menos el 6% del PIB de México) (o si lo prefieren, más o menos todo el PIB —sí, TODO— de países como Uruguay o Bolivia, el doble de países como Nicaragua o Mozambique, y más o menos el quíntuple de países como Islandia o Haití). Fundaciones, portadas de revista, eventitos con lamehuevos cada 5 pasos. ¡Ah!, pero eso sí, no podemos resolver el problema de la comunicación en un chingado concierto. Estás condenado a nunca poder dedicar esa canción a ese ser especial, a nunca encontrar a tus amigos. No se puede, no hay lana, no hay la tecnología para hacerlo; seguro que a Slim también se le va la señal cuando quiere hablar con un socio internacional y eso, ¿no?

Hace ya un año que terminó mi condena (léase contrato) con este siempre eficiente Telcel®, pero no vía cumplimiento de plazo, sino vía abogados y audiencias. ¿Por qué se los cuento ahora? Pues porque me enviaron un cínico correo invitándome a regresar, y desde luego que quisiera regresar, pero a ganarles otra demanda y a mandarlos a chingar a su madre de nuevo, y aprovecho para asegurarles que se les puede ganar. Que si se pasan de verga se les puede joder también. Que es dilatado y tedioso, pero al final se siente parecido a lo que sintió el Pípila al incendiar la puerta de la Alhóndiga de Granaditas.

Y sí, ya sé, todas andan más o menos parecidas, pero eso ¿de quién es culpa? Si existiera una compra-venta de mierda fresca, ¿de quién es culpa? ¿Del que la vende, o del que la compra?

Y aún así existen mwntecatos que creen que a Slim, como mesías, hasta Cristo le viene guango. Que creen que es un noble hombre que le da trabajo a muchísimas personas (habría qué definir trabajo, y si se la creen, ya de plano hasta personas). Que le agradecen por el Soumaya cuando todo el arte que ahí tiene lo compró con otro arte: el arte de pasar por encima de cuanto incauto se le atraviese.

No, señor. Su slogan es una afrenta, un oprobio, un balcón, una infamia. No todo México es territorio Telcel®, ¡pero es que no tendría porqué serlo! ¿No sería mejor que todo México fuera territorio de los mexicanos? Y es que para que haya un Slim, tiene que haber un chingo de jodidos que lo mantienen, que le construyen una fortuna que no se terminará ni aunque viviera cien vidas, y de hecho no me sorprendería que justo eso estuviera buscando, porque de otro modo, ¿para qué carajo sirve tantísimo dinero junto de un sólo cabrón empresario? Porque ahí guardado, acaparado, guarecido, apirañado, en un país con tantísima desigualdad, apesta tanto como miles de bodegas ahítas de comida pudriéndose en las narices de un pueblo famélico.

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