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TR/ST: catarsis y sexualidad de un pop oscuro

Fotografías: Alejandro Servín

Un vaso de café muy caliente y una botella de agua de 2 litros. Con eso llega Robert Alfons, horas antes de su doble presentación en el Foro Indie Rocks! Es su tercera vez en la capital después de un Pasagüero en el 2014 y un Plaza en el 2015.  Se ve  que tuvo una noche agitada pero en su cara no hay marcas de cansancio que lo delaten.  Él está tranquilo, sereno, ecuánime. Es difícil pensar que mi entrevistado sea el mismo que se convierte en TR/ST (o Trust, para los cuates). Quizás tenga trastorno de personalidad múltiple, y una de sus facetas, la más potente, sea la de una máquina sintética de lujuria, oscuridad y seducción.

Directo al grano, le hago la pregunta con la que me gusta empezar siempre (¿cuáles son sus principales referencias artísticas?). Él responde: “mis artistas favoritos son los Cocteau Twins, Brian Eno, Nina Simone, Fiona Apple. Sin embargo, definitivamente todo es inspirador, desde leer, hacer música, y hasta ver películas”. No es demasiado platicador. Sus respuestas son quizás muy simples y concisas. Luego le pregunto sobre el origen de su proyecto. Él me cuenta que todo comenzó en 2010, junto a Maya Postepski  hasta que un día Maya decidió continuar con su proyecto Aura; él tomó con fuerza la identidad de cuatro letras y una diagonal, como AC/DC, pero de fondos sintéticos, ácidos y densos.

A su música la han clasificado como pop industrial, pop alternativo, dark house, acid house, goth pop, y hasta technoRobert no reniega de ninguna etiqueta. “Soy un producto de todo lo que me gusta y de la persona que soy” me dice, cuando viene la pregunta sobre su “género” y sus “definiciones”. Luego me voltea a ver y pregunta. “¿Cuál sería el término para eso? ¿Pop? No lo sé, es difícil. Al final, ¿qué es lo que hace a un artista ser pop?”

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TR/ST regresó este año con su nuevo material, The Destroyer, un álbum doble que cierra una fría y oscura trilogía con el TRST (2012) y Joyland (2014). La primera parte circula ya en la red y en las plataformas de streaming. De este material Robert me cuenta cómo es que surgió. “Pienso en el contexto de crear ese álbum. Fue en una etapa de mi vida en la que quería solucionar los problemas y manejar las situaciones de una manera muy inmadura. Lo único que hice fue tomar todo ese desorden y todos esos problemas y llevarlos a algo”. Cuando todo se va al carajo, básicamente; cuando uno se convierte, sin querer, en un vil destructor. De la segunda parte me cuenta que saldrá en noviembre y que será más oscura e intensa que la primera. “Aquí no hay música dance, y, por lo tanto, es menos pop y más agresivo”.

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Robert Alfons no deja de tomar agua y darle sorbos a su café. Parece la punta de un iceberg que en cualquier momento emergerá con todo el peso del pasado. Pero se controla. Ni siquiera cuando le pregunto sobre la destrucción pierde la compostura. “Estoy seguro de que hay un camino caótico en el que inevitablemente creas algo”, me dice y después bebe un gran sorbo de agua.

Vaya, en cada camino estás destruyendo de alguna forma, al final hacer música siempre es una forma de superar las cosas.

Por eso compone. Para él , “la música es un mecanismo que me permite encontrar una libertad que, de otra forma, sería muy difícil conseguir.” Es una manera de expurgar sus demonios. Ahí es donde toman fuerza las letras llenas de erotismo, sensualidad, antropofagia; llenas de un aura de denso vapor negro. “Son una extensión de la honestidad, así que, si hay algo sensual en mi música, soy yo explorando. Suena cheesy, pero es una buena forma de dejarlo salir”.

“Todavía lucho”, confiesa Robert antes de despedirnos. No le pregunto a qué se refiere, porque basta escuchar su música para saber que aquello que carga, no es nada ligero. “Es como una ola que te arrastra hasta el lugar donde debes estar.” Al final, sus demonios lo llevaron a encontrar su lugar en la música. En vez de pelear con ellos, se dejó arrastrar. “Si amas algo, tienes que hacerlo. Tienes que encontrar el camino”, me dice antes de despedir una plática muy agradable de la que he aprendido una lección: nadie te enseña a llegar al orgasmo. Eso debes intentarlo tú mismo. Todo lo que haya en medio, no será bueno ni malo. Será.

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