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La ley no pesa tanto como Miley

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Me parece que estos últimos días, lectora lector queridos, han sido reveladores, proféticos, plagados de perfectas metáforas; verdaderas epifanías para quienes no están aún totalmente obnubilados por la cruda realidad, o para quienes aún no se resignan a comer mierda solamente porque es lo que hay. Hemos sido testigos de acontecimientos maravillosos: Un flamante estacionamiento para autos de lujo en un sitio donde regularmente sólo hay jodidos, poderosos cuerpos policíacos protegiéndonos valientemente de esas peligrosas amenazas conocidas como “niños”, subpersonas subnormales dando el grito en el balcón presidencial, y por supuesto, nuestra bandera cayendo en pleno zócalo, como si ella también se sintiera cansada de tanta chingadera.

Con respecto al lábaro patrio, no es que sea descabellado pensar que esté cansada de tantísimas y tan variadas aventuras: desde sus múltiples cambios de diseño y escudo, hasta leyendas donde jóvenes ilustres se lanzan con ella al vacío, pasando por gringos hijos de puta que la queman seguido, y bastantes más, pero yo creo que, ni la bandera, ni ningún mexicano al que todavía le signifique algo esa palabrita, esperábamos que acabaría embarrada en un culo, sí, en un culo durante un concierto, y más aún, en uno de los culos más pinches feos registrados en los anales (atinado, ¿no?) de la historia contemporánea de la humanidad.

A estas alturas, no es que me sorprenda algo de la esa Miley Cirrus (Cyrus) o como se escriba y/o llame. A final de cuentas, nadie va a desaprovechar la oportunidad de vender mierda si alguien la compra. Lo que sí me sorprende es la capacidad cuasi-infinita de la sociedad contemporánea de siempre superarse, llegando más abajo cuando uno piensa que ya nada puede ser peor.

He de aclarar, que aunque no soy adepto al llamado “pop”, eso nunca me ha impedido decir que existe buen pop, y por supuesto, también existe el pésimo pop, sólo que ambos casos, y todos los de en medio, tenían por lo menos un poco más de gusto para escoger quién sería la próxima estrellita con fecha de caducidad. Lo que me parece inconcebible es que hasta el mal pop, y es más, aún entre el no-pop, el creado, el hueco, el más carente de valor, por lo menos antes elegían chicas sin talento pero que eran agradables a la vista (Tú sabes quién eres, Britney), o ejemplos honrosos de chicas guapas con voces extraordinarias (¿verdad, chiquibaby Christina). Pero, ¿Miley? ¿Qué carajos es eso? ¿Dé dónde sacaron esa madre? Ah, y contestando a quienes ya me han planteado que “Ya quisiera”, una disculpita, pero NO. Para nada. Resulta que, en efecto, mi vida seudoamorosa se reduce a cuatro mujeres (de las que aún no me he quejado les he hablado), y si bien es discutible mi opinión de que todas ellas estaban muchísimo más guapísimas, lo que sí es indiscutible es que todas y cada una de ellas por lo menos podían mantener la lengua dentro de la boca por más de diez minutos seguidos. Eso sí se los puedo jurar, y eso sí está más chido.

Ahora, no es trivial el asunto de la bandera. ¡Es la bandera, carajo! ¡Es un símbolo de la Patria! Y si a algunos les vale madre eso, por lo menos espero que les importe la diferencia de trato, ya que para una cuestión DE PAÍS, la SEGOB tuvo a bien poner la muy severísima y altísima sanción de 16 mil pinches pesos. Sí, más o menos lo que trae esa madre en el monedero. Y sí, más o menos una décima parte de las multas a las que se enfrenta un mexicano si por ventura se le ocurre desafiar a la misma SEGOB con opiniones rojillomugrosas.

Y es que no es sólo la bandera, pues. Es igual de insultante que haya usado vestidos tradicionales mexicanos, que pagaron a cantidades irrisorias para después tirar a la basura, no ya vestidos, sino tantas horas de trabajo de manos artesanas, pagadas a costos insultantes, para que una bola de imbéciles estén, además de todo, aclamándolo.

Y ojalá que, por lo menos, la bandera que se frotó en la parte donde debería haber un culo, haya sido china, para que por lo menos le haya raspado un poco, o sacado ronchas.

Por otra parte, quizá debo reconocer que a lo mejor todo esto es una fotografía precisa de cómo andamos. México está del culo. Y culo horrible, además.

 

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