ME NACE Y ME NACE Y ME NACE Y ME NACE DEL CORAZÓN

Así es. Abre sus puertas el Noa Noa del mame; pasen todos, todos bienvenidos: los que decían que «nacos los que lo escuchaban». Los que ahora que está de moda por mohínas razones dicen que siempre les latió, que siempre fueron fans. Los que incomprensiblemente ni sabían quién era hasta el unplugged de Maná. A los que sí les latía de verdad, pero les daba una penita ridícula decirlo. Los wannabeartistillas “artistas” de medio pelo que ahora resulta que porque grabaron alguna de sus canciones ya eran sus grandes amigos y confidentes, o los otros que dicen que algunos conciertos no se cancelan, porque pues ellos van a “rendir tributo$$$”. O los posmos siempre dispuestos a hacerse notar siendo ridículos con sus imbéciles: «esqueesoniesmúsicaestábienbásicaamíporesomelateelprogre»; ya saben, los mismos que dicen que los Beatles están sobrevalorados porque pues yo “soyraritosgoe”. Esos últimos quizá son los más indeseables, pero también están invitados, porque al final, mucho Tool, pero de todos modos, mexas que son, también se las saben. Para la partida de alguien como Juanga, hay localidades suficientes, nadie se quedará fuera, pero eso sí, irrebatible: los asientos VIP (sic) son los que ya estaban ocupados hace décadas, los de esas personas que ni siquiera tiene feis para expresar un lamento hambriento de likes, pero eso ni importa, porque esas mismas personas ya le habían dado me gusta, y me encanta, y me asombra, y me entristece, al Divo de Juárez, en sus corazones, en su vida.

Y no se crean, sí tuve mi época de hater del Juanga, pero disculpita, explico: fue por pura asociación mnemotécnica, porque mi Señora Madre aún creía que podía hacernos machos alfa para que nos pareciéramos a mi señor Padre, ya saben, hombres de bien, responsables y trabajadores, y ponía al Juanga cuando nos levantaba temprano para hacer algún trabajo físico que nos sacaba de la comodidad de nuestra dominical hueva. Llegué a decir, a mis lejanísimos 10 años de edad, que a Juanga se tenía que ir a ver en pijama por lo somnífero que me parecía. Yo era morro, y odiaba desyerbar el terreno de al lado, odiaba a la vida por no tener sirvientes y odiaba ese disco rojito de Juan Gabriel (el 15 años/baladas/éxitos), ese mismo que después busqué con ahínco para terminar mi tesis. Al final ni terminé mi tesis, pero el gusto por esas canciones tampoco terminó, porque algo quedó, porque yo me siento triste, pero mi hermano de vientre, el más pequeño (en edad, que en logros es enorme), que no cree en nadie, milleniall como pocos, hasta tuvo la delicadeza, la ternura de dar en mi casa la noticia con un tiento que no lo caracteriza, un tiento hasta medio familiar. Algo debe de significar.

Ahora, no seré yo el que dé datos curiosos, el que revele verdades inéditas, el que se sepa la fecha de nacimiento del segundo perro de su mejor amigo de la infancia, porque pues para eso están los periodistas de verdad, como esos de la tele que dicen que ahora sí está confirmado que ya no continuará su gira; ya saben, siempre bien inteligentotes. No seré yo el que diserte si neta iba a tocar con Sir Paul McCartney o no tanto. El que descubra si síessíessíes o no. De igual modo que no soy experto en nadota, tampoco soy experto en Juan Gabriel. ¿Qué me da derecho a hablar entonces? El hecho de que en cierta ocasión, cuando pude haber recreado el Kamasutra completote con la mujer que amo como Juanga hubiera recomendado, preferimos echarnos también completote, pero el concierto del Palacio de Bellas Artes. Lo cantamos porque es hermoso, lo lloramos por no haber estado ahí, porque es terrible nacer en la época equivocada, porque su muerte es una explosión de realidad patente, porque la gente que amamos y que creíamos medio perenne también se muere, porque el divo tenía aproximadamente la edad de mis papás, porque ese velo que protege a nuestros fuertes y sanos seres amados al final parece que no es tan inviolable.

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El Dios que dicen que existe ha de andar muy aburrido como para llevarse tanto enorme, tanto tan amado, pero la verdad es que el fenómeno Juanga es bastante único, bastante particular. Porque aunque me crucifiquen, a mi Señora Abuelita, a mis tías, no les importó tanto Bowie o Prince, ¿Ignorantes? Cámara, se las concedo, pero no tanto, porque hoy pasa algo distinto: que desde el metalero más recalcitrante hasta el más purista de la orquesta sinfónica, sabe que hoy, no es tan buen día, alegría, señor sol, y más aún; lo sabe gente de 15, de 30, de 50 y de 80 años. De algún extraño modo, unió generaciones como solo se ve en artistas de talla mundial, y pues exactamente eso. Porque sí, simplón dicen unos, pero no sabía que México era un país de puros Sabines, pero sí sé que es uno de puro sentimiento, se exprese como se exprese.

¡Ah!, y tienen razón los que dicen que si cuando apoyó al PRI, que si ni “Temo” ni “Chente”, de acuerdo, yo también lo odié poquito. Que si se robó el intro de “Gema” para “Si quieres”. Que si “Debo hacerlo” y “Hasta que te conocí” en sus versiones originales comienzan igualito, también de acuerdo. Con los que no estoy de acuerdo es con los que dicen que: ¿por qué tanto rollo? Va, a mí no me crean, ustedes solo le creen a figuras consagradas, órale pues, pero entonces ¿A John Fogerty tampoco le creen? ¿A Dave Mustaine? ¿A Plácido Domingo? ¿A Chente (Fernández, no vaya a ser que me lo confundan[y que ya ha de estar poniendo sus barbas a remojar])? Más allá de lo anterior, insisto, sí muy hilarantes los chistes que ya mencionó el maestro Monsiváis: «Ahí tenías que iba Juan Gabriel (…)», y eso. Pero a ver, progres, millenialls, nomás les recuerdo que una de las primeras críticas fuertes a Televisa fue de él. Antes que ustedes nacieran, siquiera.

Y bueno, el Peñejo como siempre ahí queriendo quedar bien —pobrecito—, pero ¿ni que diga algo Obama les comprueba? Ok, tampoco, pero entonces ¿Ni a sus madres? Y no lo digo a la malagueña: pregúntenles a ver si no lo lamentan. Y ¿Qué? ¿Acaso a ellas mismas no las siguen amando así se equivoquen? ¿No se quedan con lo bueno? ¿No? Han de ser ustedes de otro planeta, porque a mí, por lo menos, quienes menos deberían, me aman aunque ni me lo merezca. Ya sé, yo lo escribo mal, pero tengan entonces, de él:

“El amor lo aprendí así, con mis amigos gay en Ciudad Juárez… con las prostitutas.

No me acostaba y nadie se acostaba conmigo, pero una persona a quien amabas era con la que no tenías sexo;

el verdadero amor. Como cuando amas a tu mamá (que puede tener un desliz o 500), y a la que sigues amando.

O a tu papá, que se puede ir con una, o con uno, si le da su gana, pero lo sigues amando, como a los hijos o los hermanos. Eso es a lo que llamo amor.

Así aprendí a saber que todos somos de todos y nadie es de nadie.”
Alberto Aguilera Valadez

Comenté la noticia con mi Señora Madre, con mi Señora Abuelita. Ambas me dijeron que me pusiera a hacer algo de provecho, pero también ambas deploraron lo terrible de la pérdida, y más aún, lo terrible que es el hecho de que, como andaba en el gabo, que luego viene acá a Bellas Artes, y que luego a Michoacán, y a Juárez, y sí, toda la razón, a mí me parece terrible porque pues él ya no está ahí, en ese pedazo de carne muerta. Él está en los que quieran que esté. La inmortalidad existe y tiene qué ver con este tipo de cosas. Se murió, pero al parecer, sigue de gira, y seguirá un vergo de tiempo.

«Claro que me conmueve el acontecimiento de Juan Gabriel,

aunque la muerte se la pela, ya que a un grande como él, lo único que provocó la huesuda es, hacerlo eterno. Buen viaje Juan Gabriel.

Aquí en este corazón en forma de rockola, están sonando tus canciones»

Armando Palomas— (feat. Muchos de nosotros).

Quienes han bebido convivido conmigo en el baluarte al que llamo mi oficina (o viceversa), indefectiblemente —posterior a un rictus de estupefacción— me preguntan que por qué si estás escuchando a Queen, después suena una de José Alfredo, y luego una de Goran Bregovic, seguida por una de Hombres G, pasando por Tiger Lillies, Rachmaninov, El Pirulí y Radiohead. Y por supuesto, cuando al random le apetece, también muchísimas del Juanga. Invariablemente respondo: «Pues por eso. Porque eso somos, o por lo menos, porque eso soy un poquis yo». La respuesta es palurda, porque pues Carlos Edmundo, pero también porque ya estoy ruco para jugarle al enteradito, al hip, al denostador. Pero sobre todo porque lo “Inocente, pobre amigo”, no quita lo “Let it be”.

Yo crecí contigo, Juanga, pero yo ni crecí; ojalá hubiera crecido lo que tú.

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