En tiempos donde el rock se pule, se corrige y hasta se disculpa, Jorge Ilegal sigue rompiendo platos y quemando manuales. Con más de 40 años de carrera, el líder de Ilegales llega con un nuevo disco bajo el brazo —Jóvenes y Arrogantes— y el mismo filo con el que comenzó a patear la escena musical en los 80. Hablamos con él desde Tenerife sobre revolución, sátira, el vicio del vinilo y la vida como una orgía urgente que se agota a tragos largos.
“La vida es un regalo. No se devuelve intacta. Se usa. Se rompe. Se vive. Y cuando venga la muerte, que no quede nada que llevarse.”
RK: Jorge, ¿cómo haces para sonar igual de punzante que hace 40 años?
Jorge Ilegal: Porque no hemos cambiado tanto como creemos. La tecnología ha avanzado, sí, pero la naturaleza humana sigue siendo la misma desde hace 20.000 años. El miedo, la rabia, la ansiedad… Todo eso sigue ahí, latiendo. Y nuestras canciones se hunden en esas raíces. Por eso siguen vigentes.
RK: En Jóvenes y Arrogantes, Ilegales le canta a la ansiedad, la alienación, al vértigo del progreso y, cómo no, a la revolución. Palabra clave en su discurso desde el día uno.
Jorge: La revolución es un anhelo común. En México lo llevan en la sangre. En España también, mira cuántos levantamientos hemos tenido. Los latinos somos así, no sabemos hacer cambios lentos. Queremos incendiarlo todo.
Y en cuanto a nuestra irreverencia, sí, claro que es ideología. Soy heredero de la sátira grecolatina, de Juvenal, Quevedo, Marcial… Llamar “ladrón” al que roba y “asesino” al que mata no debería ser un escándalo. El silencio es crimen. Hay que decir las cosas con arte, claro, pero decirlas.
RK: Siempre se ha considerado a Ilegales una banda punk, pero su música tiene más vuelo, más amplitud…
Jorge: Nos aburrimos si no experimentamos. Usamos fragmentos de otras músicas, probamos, mezclamos poesía con panfleto, humor negro con tragedia. No somos punk, ni rock, ni jazz… Somos Ilegales. No nos importa encajar. Lo importante es que la canción funcione, que tenga fuerza. Y si además molesta a los bienpensantes, mejor.
RK: ¿Crees que Ilegales ha dejado un legado?
Jorge: ¡Claro que sí! No somos santos ni ejemplo de nada. Bebemos, nos drogamos, corremos tras las chicas. Pero también componemos con precisión quirúrgica. Nuestras canciones tienen alma, estructura, sentido. Hay gloriosas tonterías, sí, pero también piezas con triple lectura. No como esas bandas blandengues que obedecen al mánager, duermen temprano y no dicen nada. Un bonito conjunto de vaciedades. Eso sí es criminal.
RK: El nuevo disco sale en vinil, un formato que muchos ya abandonaron.
Jorge: Nosotros somos coleccionistas. Y el vinilo suena mejor. Tiene más fidelidad, más alma. Claro, necesitas un buen equipo, una aguja decente, ajustar el antiskating… Pero cuando lo pones y subes el volumen… Y si molestas a las vecinas, mejor aún.

RK: ¿Crees que aun hay censura en el rock español?
Jorge: Ahora hay bandas que se autocensuran. Que quieren caerle bien a todos. Que dicen “gracias, muchas gracias” como si fueran curas dando la misa. Yo desconfío de esos artistas “agradecidos”. El rock and roll necesita arrogancia. Necesita a alguien que se suba al escenario con hambre y diga: “Vengo a destrozar todo”. Elvis lo hacía. Los bluesmen también. El resto es teatro.
RK: ¿Algún día dirás “basta”? ¿Se acaba Ilegales?
Jorge: El futuro nunca se sabe. Pero mientras agarre la guitarra, sienta esa electricidad y pueda transmitir esa sensación a otros, seguiré. Me gusta llegar a los sitios, aunque los viajes son horribles. Pero si al final hay ruido, hay distorsión, hay rock and roll… que vengan los retrasos, los aviones, la falta de comida. ¡Bienvenidos sean!
Ilegales se presenta el próximo mes en la Ciudad de México, y Jorge lo deja claro: no vienen a complacer a nadie, vienen a seguir pateando lo que haga falta.
“El rock and roll no está para dar las gracias. Está para joder un poco las cosas.”

