The Crystal Ship Band: «La música no es una pieza de museo»

En un mundo saturado de imitaciones, el homenaje se ha convertido en un acto de valentía creativa. The Crystal Ship Band lleva 20 años demostrándolo. Más que un grupo de tributo, se han consolidado como intérpretes contemporáneos de uno de los legados más complejos y psicodélicos del rock: el de The Doors. A días de celebrar su vigésimo aniversario en el Multiforo Alicia, platicamos con Roberto Eslava y César Garduño sobre su filosofía, el porqué rechazan la parodia y cómo su respetuosa aproximación los llevó a compartir escenario con la leyenda misma, Robbie Krieger.

Revista Kuadro: Celebran 20 años y han sido muy claros en definirse como un «homenaje» y no un «tributo». ¿Cuál es la diferencia fundamental para ustedes y por qué es tan importante?

César: Es una diferencia clave. El término «tributo» se empezó a ligar con cosas que rayan en la parodia: vestirte como ellos, usar sus mismos instrumentos, imitarlos. Eso nunca nos hizo sentir cómodos porque, para nosotros, hacer eso es congelar la música en el pasado, tratarla como una pieza de museo. Y la música no es eso, es algo vivo y eterno.

Roberto: Exacto. Creemos que Jim Morrison, Ray Manzarek, Robbie Krieger y John Densmore son seres irrepetibles. Intentar imitar algo que de origen ya es extraordinario es un esfuerzo un tanto vano. Además, como verás, no somos genéticamente idénticos a ellos (risas).

Revista Kuadro: Esa filosofía de no imitar, sino interpretar, parece ser la clave de su conexión con el público.

César: Totalmente. Sentimos que tratar de convertirte en ellos construye una barrera entre el público y tú. Al no tener esa barrera, se genera un diálogo. No solo tocamos para la gente; ellos reaccionan y se convierte en una especie de ceremonia musical compartida.

Revista Kuadro: Mencionan que la música de The Doors no tiene temporalidad. ¿Qué creen que tiene su obra que conecta tan fuerte con nuevas generaciones, incluso con temas largos y psicodélicos que desafían la inmediatez actual?

Roberto: Es que su música habla de inquietudes humanas universales. Además, la energía de las canciones parece la de hoy. Y sobre los temas largos, nuestra experiencia es sorprendente. Canciones épicas como «When the Music’s Over» son de las que más impacto tienen, sin importar la edad. Creo que representan esa esencia psicodélica de The Doors, la idea de que la música es un viaje.

César: El público que se interesa por el rock está acostumbrado a ese diálogo. Quieren oír precisamente esos pasajes largos e interesantes. La gente que sigue a The Doors sabe a lo que va y espera esa experiencia. Si solo tocáramos los éxitos, sentirían que algo faltó.

Revista Kuadro: Para este aniversario, invitaron a músicos de universos muy distintos, desde el rock experimental de Alex Otaola hasta el theremin de Ernesto Mendoza. ¿Ven este show como un laboratorio para explorar hasta dónde pueden llevar las raíces de The Doors?

Roberto: Definitivamente. Ayer en el ensayo nos emocionaba mucho ver cómo esta música puede crecer y extender sus raíces. Cada invitado, desde su propio lenguaje, le agrega una dimensión completamente distinta. Escuchar el theremin en una canción de The Doors, uno diría «¿qué tiene que ver?», pero lo que está haciendo Ernesto le queda increíble. Ramsés Luna metiendo saxofón con elementos electrónicos y ragas… le da otra vida.

César: Para nosotros es un lujo y nos hace crecer como músicos. Ver a artistas con carreras ya formadas llegar con un entusiasmo desbordado a interpretar esta música es invaluable. Es un experimento sonoro que demuestra la enorme vigencia de estas composiciones.

Revista Kuadro: Esta filosofía de respeto y no imitación los llevó, literalmente, a tocar con la realeza: Robbie Krieger. ¿Qué sintieron cuando un creador original de la música validó su forma de interpretarla?

César: Fue la confirmación de todo. Está completamente ligado a nuestra filosofía. La primera vez que vino Ty Dennis, el baterista de The Doors del Siglo XXI, nos confesó que uno de los puntos que lo convencieron de tocar con nosotros fue precisamente que no tratábamos de imitarlos. Eventualmente, eso nos llevó a Robbie Krieger, y su comentario fue el mismo: le llamó la atención el tipo de aproximación respetuosa que teníamos.

Roberto: Creo que ellos mismos lo ven así. Alguna vez le preguntaron a Ray Manzarek por qué usaba sintetizadores modernos en lugar de sus teclados de los 60, y él dijo: «¿Para qué voy a usar cosas del pasado? Lo que importa no son los aparatos, importa que lo estoy tocando yo». Nosotros tratamos de seguir esa misma idea: somos The Crystal Ship Band en el siglo XXI, interpretando esta música y manteniendo viva la increíble experiencia de escucharla en vivo.

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