Crecer es, en muchos sentidos, sobrevivir a un apocalipsis. La adolescencia te obliga a reinventarte mientras el mundo a tu alrededor parece desmoronarse. Partiendo de esa premisa, Prime Video nos entrega Prefiero la muerte, una serie mexicana que mezcla el coming-of-age, el terror zombi y un soundtrack que rompe con cualquier cliché de lo que debería sonar en la provincia mexicana.
Nos sentamos a platicar con el creador y director Sebastián Sariñana, junto a los supervisores musicales Javier Nuño y Joe Rodríguez, sobre cómo lograron equilibrar el desmadre, la sangre, a José José y los temas más oscuros de la salud mental sin perder el sentido del humor.
Revista Kuadro: Tienen una premisa y una metáfora muy cabrona en la serie. ¿Cómo nace la idea de abordar temas tan complejos a través de un apocalipsis zombi adolescente?
Sebastián Sariñana: Pues porque la vida es difícil (risas). Mira, la historia nació porque queríamos retratar lo que se siente ser adolescente. A lo largo de nuestra vida siempre hay momentos donde nos reinventamos. La adolescencia es la cúspide de uno de esos primeros grandes cambios. ¿Qué mejor lugar para contar una historia sobre encontrar el sentido de vivir en un mundo negativo? Ser un zombi entra perfecto en esa metáfora y nutre un género del que soy fan, desde Evil Dead hasta Shaun of the Dead. Queríamos contar una historia optimista sobre luchar por lo que importa.

Revista Kuadro: Y con tantas referencias zombis que existen, ¿cómo lograste no caer en la parodia barata?
Sebastián: Para no caer en parodia, el chiste es tomarlo con seriedad. A pesar de que la serie echa mucho desmadre y es medio irreverente, se toma muy en serio las cosas de las que habla. De repente te estás cagando de risa, y al siguiente rato estás llorando porque conectas a un nivel humano con los personajes. Ese fue el gran reto: hacerte olvidar lo irreverente que es por la fuerza de sus emociones.
Revista Kuadro: El soundtrack cambia el contexto de escena a escena de una manera brutal. Brincamos de post-punk, a bedroom pop, ¡y de repente a José José! Javier, Joe, ¿cómo congeniaron la historia con esta selección en un pueblito ficticio como Mendoza?
Javier Nuño / Joe Rodríguez: La visión desde un principio fue salir del cliché. Hay una columna vertebral arraigada al punk, al lo-fi y al indie. Queríamos probar que en México, incluso en los pueblitos, la gente sigue escuchando a The Cure o el post-punk. Visual y auditivamente queríamos proponer algo distinto. Lo de José José ya venía desde el guion; era un montaje que cuando lo vimos dijimos: «esto es de otro mundo pero funciona totalmente». México es eso: nostalgia y contemporaneidad.
Sebastián: Ahorita está muy fuerte la «norteñización» de la cultura, los corridos y el regional mexicano, y está chingón. Pero hay otro mundo. Hay una conexión directa entre Joy Division, The Cure, Caifanes y el indie que se hace hoy en México. Un disco de Caifanes es lo que había en casa de estos morros, y ese sonido se hereda. Los coreanos agarraron a los zombis y los hicieron suyos sin pedirle permiso a nadie. ¿Por qué nosotros tenemos que preguntarnos qué es o no es mexicano? México no solamente es corridos, güey, también es punk.
Revista Kuadro: Es difícil hablar del suicidio y la salud mental, tanto para la sociedad como para las familias. El cierre de la serie nos deja con una «mancha», una oscuridad que permanece. ¿Cómo lograron englobar estas sensaciones tan densas de una manera tan digerible?
Sebastián: La última línea de la serie lo dice: esta oscuridad se va a quedar conmigo para siempre, pero tal vez siempre estuvo ahí. Los seres humanos somos capaces de cosas oscuras. La serie no tiene una «misión social» como tal, pero sí creemos que es importante quitarle el tabú a la salud mental y entender que la lucha entre el bien y el mal sucede dentro de todos nosotros. Nadie aquí es perfecto.
Y la música lo refleja perfecto. Muchos de estos morros son muy valientes al enfrentarse a esas emociones a través del arte. Hay una rola en la serie que me fascina: «Maruchan» de San Coyote. Habla sobre un güey que quiere llevar a una chava a una date, pero solo le alcanza para una Maruchan. Es la desesperanza, decir «estoy bien jodido pero estoy enamorado», tratada a través del post-punk con sentido del humor y ligereza. Para mí, esa rola es Prefiero la muerte.




