Anoche, el Pepsi Center tuvo una puerta distinta. Una de esas que no se abren con las manos, sino con sintetizadores, luces, personajes y una buena dosis de imaginación.
Desde Oaxaca, La Bande-Son Imaginaire ha construido durante años un universo propio dentro de la escena independiente. Lo que comenzó en los circuitos under hoy llegó hasta uno de los escenarios más importantes de la Ciudad de México, pero sin dejar atrás aquello que los hizo reconocibles: convertir cada presentación en algo que ocurre entre un concierto, una obra de teatro y una experiencia audiovisual.
En el escenario, los sintetizadores marcaron el camino mientras la banda construía atmósferas oscuras y envolventes. El performance apareció como parte natural de la música y los personajes parecían salir de ese mismo universo que la agrupación ha ido desarrollando alrededor de su concepto. Aquí no se trataba solamente de escuchar canciones, sino de entrar por unos minutos a otro lugar.
Temas como El Hombre del Traje Negro, La Bande-Son Imaginaire y Nocturno forman parte de ese lenguaje sonoro donde el synth-pop, el darkwave y la electrónica se encuentran con una estética teatral que difícilmente pasa desapercibida.
Y quizá ahí está una de las claves de La Bande-Son Imaginaire: haber entendido que crecer no necesariamente significa abandonar la escena de donde vienes. Anoche, esa historia que comenzó desde Oaxaca encontró una nueva habitación en el Pepsi Center, frente a un público que aceptó la invitación a cruzar el portal.
Una puerta se abrió.
Del otro lado estaban los sintetizadores, las sombras, los personajes y una banda que convirtió su música en algo más grande que un concierto.
Estas son algunas imágenes de lo que vivimos anoche.













