De la obsesión por conseguir una fotografía con la banda a la batalla por los boletos: U2 vuelve a México con The Greatest Show On Earth World Tour y dos noches que prometen despertar amores, críticas y viejas rivalidades.
Pon Where the Streets Have No Name. Sube el volumen. Y, si eres de los que crecieron con U2, ve preparando la cartera, la conexión a internet y los nervios, porque este lunes 19 de octubre comienza la preventa para suscriptores de U2.com. La cita es a las 10 de la mañana y, desde ese momento, miles de fanáticos comenzarán una nueva peregrinación: conseguir un boleto para ver a Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr. en el Estadio GNP Seguros.

¿Que si U2 es la mejor banda del mundo? Para algunos, sin discusión. Para otros, una agrupación sobrevalorada que lleva décadas viviendo de su propia leyenda. Y seguramente habrá quien ya esté preparando un meme antes de que aparezca la primera fila virtual. Con U2 sucede algo curioso: incluso quienes aseguran que no los soportan parecen tener una opinión muy clara sobre ellos. No cualquiera consigue semejante nivel de amor y rechazo después de casi medio siglo de carrera.
Pero una cosa es discutir en redes y otra muy distinta es plantarse frente a un estadio lleno mientras suenan los primeros acordes de Where the Streets Have No Name. Ahí, por unos minutos, buena parte de las discusiones se queda afuera. O al menos eso queremos creer quienes seguimos encontrando algo nuestro en sus canciones.
U2 no es una banda perfecta. Nunca lo ha sido. Su relación con los discursos políticos, las causas humanitarias y las grandes declaraciones públicas también ha generado críticas, acusaciones de protagonismo y cuestionamientos sobre los límites entre el activismo y el espectáculo. A veces, su manera de hablarle al mundo puede resultar grandilocuente. Y sí, hay motivos para discutirlo.
Sin embargo, reducir a U2 a una caricatura de Bono con los brazos abiertos sería ignorar una historia musical que atraviesa generaciones. De Boy y War a The Joshua Tree; de la reinvención electrónica y visual de Achtung Baby a los enormes escenarios de sus giras, la banda irlandesa ha sabido cambiar de piel sin abandonar esa mezcla de guitarras expansivas, pulsión rítmica y canciones diseñadas para convertirse en una experiencia colectiva.
Y esa es quizá su mayor victoria: seguir provocando una reacción. Admiración, nostalgia, hartazgo, devoción o ganas de discutir. La indiferencia, en cambio, parece quedarle bastante lejos.




México, la primera parada y una historia que todavía se está escribiendo
La noticia es especialmente emocionante porque México será el punto de partida de esta nueva etapa de la gira mundial. Bajo el nombre Carnaval de Luz Presents: The Greatest Show On Earth World Tour, U2 llegará a la Ciudad de México los días 23 y 26 de febrero de 2027, con Beck como invitado especial. El recorrido anunciado también contempla presentaciones en São Paulo y Buenos Aires, mientras se esperan nuevas fechas para otras regiones.
El regreso llega después de años sin una gira mundial de estadios y en vísperas de Carnaval de Luz, su próximo álbum de estudio, anunciado para el 13 de noviembre de 2026. Además, el nuevo sencillo The Greatest Show On Earth, acompañado por un video dirigido por Anton Corbijn, vuelve a poner sobre la mesa esa relación entre música, imagen, provocación y espectáculo que ha acompañado a la banda durante décadas.
Y aquí aparece otro nombre que para mí tiene un significado especial: Anton Corbijn.
Hace unos meses, la visita de U2 a México se convirtió en algo más que una noticia musical. Para quienes crecimos escuchando sus discos, también fue la oportunidad de recordar ese fanatismo que no desaparece con la edad, aunque uno tenga trabajo, pendientes y una lista interminable de responsabilidades.
En mi caso, la experiencia terminó convertida en una auténtica crónica de un reporfan por la ciudad. Entre pistas, carreras, tráfico y una improvisada aventura rumbo a Texcoco, tuve la oportunidad de encontrarme con Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr. durante la Street Child World Cup 2026. Y sí, también con Anton Corbijn, una figura cuya fotografía influyó profundamente en mi manera de mirar y entender la música.
No fue una de esas experiencias perfectamente organizadas en las que todo sale de acuerdo con el plan. Fue más bien una historia de esas que comienzan con la frustración de haber llegado tarde, siguen con una corazonada y terminan con una cámara entre las manos, intentando procesar que estás frente a personas cuyas canciones llevan décadas acompañándote.
Afuera de los hoteles estaban los otros protagonistas: los fans. Personas con discos, camisetas de antiguas giras y la esperanza de conseguir una firma, una fotografía o, simplemente, ver pasar a sus ídolos durante unos segundos. Había algo entrañable en observar cómo una banda puede reunir a desconocidos que comparten recuerdos de conciertos, madrugadas, filas y canciones que parecen guardar fragmentos de sus propias vidas.
Lo conté en Revista Kuadro, en la crónica Crónica de un ReporFan en la ciudad donde apareció U2. Porque a veces la historia de una banda también se escribe desde la banqueta, detrás de una cámara o siguiendo una camioneta por la ciudad. Y porque el fanatismo, aunque pueda parecer absurdo para quien lo observa desde afuera, también es una manera de mantener viva nuestra relación con la música.
Lee la crónica completa en Revista Kuadro.

La preventa: que comience la guerra de los fans
Ahora toca cambiar la cámara por el teclado.
Este lunes comienza la preventa exclusiva para suscriptores de U2.com, con acceso escalonado según el grupo de suscripción. Después llegará la preventa Banamex, el miércoles 21 de octubre; la venta para fans de la banda mediante Ticketmaster, el jueves 22, y finalmente la venta general, el viernes 23, en ambos casos a partir de las 10 de la mañana, hora del centro de México.
Dos fechas. Una banda que lleva décadas llenando estadios. Un público que ha esperado años y una pregunta que inevitablemente comenzará a circular en cuanto se abra la fila virtual: ¿alcanzarán los boletos?
No voy a fingir que esto será una experiencia espiritual libre de frustraciones. Conocemos la historia: páginas saturadas, posiciones interminables, precios que habrá que revisar con cuidado y esa sensación de que el destino de una parte de tu quincena se decide frente a una pantalla. Comprar entradas para una banda de esta dimensión también se ha convertido en una prueba de paciencia.
Y, aun así, aquí estamos.
Quizá porque para algunos será su primera vez. Para otros, una oportunidad de reencontrarse con una banda que forma parte de su historia personal. Y para quienes ya los vimos hace años, puede ser la ocasión de descubrir qué queda de aquella emoción cuando las canciones que escuchábamos de jóvenes vuelven a sonar frente a nosotros.
La preventa también será un buen termómetro para medir cuánto pesa realmente U2 en México. Las redes pueden estar llenas de burlas, críticas y opiniones encontradas, pero los números de la venta contarán otra parte de la historia. Si los boletos vuelan, habrá quienes lo celebren y quienes aprovechen para decir que no entienden el fenómeno. Si quedan entradas disponibles, tampoco faltarán las conclusiones apresuradas.
Así funciona la conversación alrededor de U2: siempre hay alguien dispuesto a discutir si siguen siendo relevantes. Mientras tanto, ellos preparan un espectáculo que recorrerá su catálogo y que arrancará precisamente en nuestra ciudad.
Y eso no es cualquier cosa.
Porque México no solamente recibirá dos conciertos. Será la primera parada anunciada de una gira mundial que representa una nueva etapa para una banda que ha sobrevivido a los cambios de la industria, las transformaciones del rock, sus propias contradicciones y el desgaste natural de permanecer tanto tiempo bajo los reflectores.
¿Son la mejor banda del mundo? Esa discusión puede seguir hasta el próximo siglo. ¿Han cometido errores? Por supuesto. ¿Su discurso puede resultar excesivo? También. Pero ¿cuántas agrupaciones pueden regresar después de tantos años y provocar que una generación entera vuelva a organizar sus días alrededor de una preventa?
A estas alturas, no necesito convencer a nadie de que ame a U2. Tampoco pretendo convencer a quien los detesta. La música no funciona así. Cada quien tiene sus himnos, sus decepciones y esas bandas que le acompañaron cuando todavía no sabía muy bien qué hacer con su vida.
Yo sé lo que significan sus discos para mí. Sé lo que fue perseguir esa historia por la ciudad, cámara en mano, y descubrir que detrás de la leyenda también hay personas, recuerdos y una comunidad de fanáticos que se niega a soltar aquello que alguna vez le cambió la vida.
Así que, si eres suscriptor de U2.com, revisa tu acceso, prepara tu cuenta y cruza los dedos. Si vas a esperar a la venta general, guarda energía. Y si eres de los que no soportan a Bono, puedes quedarte a observar el espectáculo desde las redes: seguramente también tendrás mucho que decir.
U2 está de regreso en México. Los boletos todavía no están en nuestras manos, pero la discusión ya comenzó.
La pregunta ahora no es solamente cuántos conciertos terminará ofreciendo la banda en nuestro país, sino cuántos recuerdos nuevos caben todavía en esas canciones que llevamos escuchando durante años.
Nos vemos en la fila virtual. Y, con un poco de suerte, en febrero nos encontraremos cantando en el estadio, aunque el lunes hayamos jurado que esta vez no íbamos a gastar en otro concierto.




