Desde el primer minuto, el festival Corona capital se sintió como ese caos hermoso donde las guitarras mandan, las gargantas se rompen y los escenarios parecen competir entre sí para ver quién se queda con el alma del público. Y ahí, entre brincos, empujones amistosos y cerveza sobre el pavimento, el día arrancó con ese espíritu brit más acelerado que la cafeína: Circa Waves encendió y de pronto todo parecía moverse un poquito más rápido, como si el festival hubiera decidido quitar el freno de mano sin avisar. Cuando Jet entró en calor desde otro escenario, el eco de “Are You Gonna Be My Girl?” se mezclaba con pasos, gritos, risas y un montón de gente intentando llegar sin perder a su grupo. Fue el inicio perfecto para entender que este primer día no venía a pedir permiso, sino a rugir.
Y mientras todos seguían adaptándose al clima —ese sol que calcina y luego se esconde, ese viento que levanta basura solo para darle dramatismo a tus fotos—, el festival comenzó a ofrecer sus colores reales: playeras sudadas, botas enlodadas, brillos que ya no brillan, perfumes que se convierten en vapor y ese olor a comida rápida mezclada con amplificadores saturados. En ese ambiente, 4 Non Blondes soltaron su dosis de nostalgia con un público que no solo cantaba: gritaba como liberación colectiva. No era un acto, era una especie de rito emocional entre generaciones.
La tarde avanzó con ese ritmo inquieto y casi frenético, esa sensación de “no te puedes quedar quieto porque algo mejor suena a dos escenarios de distancia”. Y justo cuando el cansancio comenzaba a insinuarse, Franz Ferdinand hizo lo que mejor hace: recordarnos por qué sus riffs pueden poner a bailar incluso al más amargado del público. Era como si el festival, por unos minutos, hubiera encontrado su latido perfecto. Luego, casi sin transición, Bôa apareció como uno de esos descubrimientos que te atrapan sin avisar: una banda que muchos venían a ver por curiosidad y que terminó convirtiéndose en uno de esos comentarios obligados en los pasillos (“no manches, ¿ya los escuchaste? Están cabrones”). Se sintió fresco, sorprendente, casi como un premio por haber llegado temprano.
Y con esa energía vibrando en los tobillos, Kaiser Chiefs metieron su clásico empuje de estadio que se siente como un golpe de adrenalina directo al pecho. Después llegó Garbage, con ese aura elegante pero venenosa de quien no necesita demostrar absolutamente nada. El sol se cayó por completo, las luces hicieron lo suyo, y el festival adquirió ese color nocturno donde las emociones son más intensas, los gritos más profundos y todo suena un poquito más fuerte de lo que debería.
Pero nada —y esto es decir mucho— estaba preparado para lo que vino después. Porque cuando Queens of the Stone Age tomaron su escenario, el festival completo giró su cara hacia ellos. No había dudas: era el momento. El show que se iba a robar el primer día sin discusión. La banda sonó despiadada, sucia, poderosa, como si Josh Homme hubiera venido específicamente a recordarle al país por qué México es uno de sus lugares favoritos en el mundo. Y cuando agradecieron al público —pero lo agradecieron de verdad, con ese tono que no es pose, no es discurso armado, sino una confesión a corazón abierto— ahí se congeló el aire. Ese fue el momento del día. El punto exacto donde todos entendimos por qué amamos estos festivales.
Y para cerrar como se cierran las noches épicas: Foo Fighters, que ya son una religión por sí mismos, un ritual inevitable, una garantía absoluta de que vas a terminar sin voz. De algún modo, todo lo que el festival había construido durante horas parecía prepararse para ese estallido final. Y estalló. Como debía. Como queríamos.
Así se vivió: un día que no se sintió como un orden de bandas, sino como un recorrido emocional, sudado, plural, caótico, glorioso. Un festival que se viste de mil colores —desde el glitter corrido hasta las luces que rebotan en cerveza derramada— y que te recuerda, por si lo habías olvidado, por qué seguimos viniendo aunque duelan los pies y aunque mañana haya que ir a trabajar.
Una primera jornada que no pide reseña: pide cicatriz. Y la deja.
Aquí algunas imágenes que capturan este primer día como realmente fue:
Foo Fighters









Queens of the Stone Age









Garbage










Kaiser Chiefs






Bôa




Franz Ferdinand







4 Non Blondes



Jet









Circa Waves




