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La preventa como discriminación

Sabemos que en estos tiempos de capitalismo depredador, beneficiar a las grandes empresas favoreciendo todas sus prácticas y velando por todos sus intereses, lo que menos importa es la gente. Personas que se ven afectadas por sus actitudes y actividades poco éticas, que con tal de salirse con la suya son capaces de cosas atroces.

Justo ahora México atraviesa por situaciones complicadas y terribles en materia de discriminación. Cantidad de campañas y comentarios abundan e inundan las redes sociales sobre esta temática, pero en el aspecto musical, que es el punto al que quiero llegar y del que quiero escribir, ¿por qué existe la discriminación en la música? ¿En dónde es donde más la vemos? esto podría tomarse del lado de la difusión de bandas y lo complicado que es para las bandas existir con tan poco apoyo, o con tan pocos lugares que generen la atención del público, y las limitantes de los espacios discursivos que puedan manifestar las propuestas. Pero ese no es el punto que quiero tratar, sino el de las preventas de boletos.

Sin duda, las preventas de boletos se venden como la gran oportunidad para acceder a las entradas de conciertos antes que nadie, o que la mayoría, como un privilegio, pero como todo privilegio desmedido, sólo beneficia a algunos, no hay una equidad incluso es muy evidente y descarado la distinción entonces no son un privilegio son discriminación.

Las preventas no sólo benefician a un solo sector de la población (a unos cuantos) sino que también favorecen a una de las peores mafias silenciosas como la de los revendedores. No es de ninguna manera correcto que se permita que estas practicas sean legales, porque con tal de poder adquirir unos boletos se condiciona el tener una tarjeta de crédito que únicamente beneficia al banco y a los organizadores de eventos a quienes poco importan los fans seguidores o amantes de la música que quieren asistir a un concierto. Volviendo un show que supone ser difusión artística en mero negocio. Un negocio que está pensando no en brindar y compartir la oportunidad de disfrutar de una banda sino en el cantidad de boletos que se van a vender, el hecho que los boletos se vendan con meses de anticipación solamente afecta al bolsillo del fan y beneficia los intereses del manejo de ese dinero por parte de las instituciones que lo tienen en sus arcas durante meses, generando más ganancias, entonces se piensa en que banda es mejor traer una buena banda que quizá no tenga tanta derrama económica o un monstruo mainstream que genere ganancias millonarias.

En este apartado es donde los precios de boletos se vuelven exorbitantes y por supuesto a ver si alcanzas a comprar ya que con dos días de preventa sino eres tarjetabiente de “x” banco no importa que tan fan seas te puedes quedar fuera, a menos de que quieras pagar aproximadamente 100% más del valor en reventa.

Y la respuesta de la gente que organiza esas misiones mercenarias es si quieres asistir al evento esas son las condiciones, sino pues, no vayas. Insultando y minimizando el gusto por la música sirviendo sólo a los intereses económicos.

No es posible que no exista una regulación en este aspecto, recuerdo cuando Pearl Jam se impuso contra esta práctica tan desleal poniendo como cláusula para sus conciertos que no se podía hacer preventa.

Pearl Jam Flag

Y es que el rockandroll es una actitud y una actividad más cercana a la anarquía, a la desobediencia civil como la pensó Henry David Thoreau entonces estructuralmente esta práctica está en contra de los fundamentos que hacen del rock una actitud libre, fuera de abusos y faltas éticas contra los fans que son los únicos perjudicados o bien obligados a tener una tarjeta que quizás no quieren por tener el derecho a comprar unos boletos, si fuera una acción inocente sin fines de lucro, podría pasar inadvertida, pero no es así, porque no sólo te obligan a utilizar la tarjeta para comprar, sino que te cobran una anualidad por el derecho a usar esa tarjeta, entonces como dije antes, el fan siempre lleva las de perder.

Justo eso habla del mundo en el que vivimos en el que hay que doblegarse y obedecer a las instituciones para tener el derecho a adquirir algo que no tendría por qué estar tan condicionado