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Gigaton: tan gigante y pequeño, Pearl Jam

Aplaudo la pasión de Eddie Vedder y compañía. Si por algo han llegado a ese estatus de semi-dioses, es porque siempre han sido honestos a sus posturas políticas y a su espíritu eléctrico. No todas las bandas se meten a un estudio con ese recorrido y con esa base de fans tan fieles como exigentes.

Mucho menos después de un disco como el Lightning Bolt tan flojo, poco digno de una trayectoria como la de Pearl Jam, una banda legendaria que no necesita sumarse al mercado de la nostalgia en una industria donde el rock parece sobrevivir solo de su propio recuerdo. Que en 2020 los ídolos de Seattle saquen un material de largo aliento, de casi una hora de duración, con dos o tres hitazos, me parece en sí ya un logro. Gigaton es la prueba de que siempre hay algo qué decir aun cuando ya todo parece dicho…

Ya entrados en el tema, por más que uno quiera resaltar las virtudes del nuevo álbum, el sentimiento general después de la primera oída es que algo falta. Lo hemos vuelto hacer: hemos puesto las expectativas muy altas. Aunque es ridículo y absurdo pedirle peras al olmo, tampoco, podemos pedirles el retiro. Existe una nostalgia pueril en aquellos que crecieron pensando que el Ten o el Vitalogy eran las mejores obras de grunge incluso por encima del Nevermind, el In Utero o el Doolittle. Lo mismo le pasa a aquellos fans de The Strokes que, irremediablemente, medirán todo lo hecho con la vara del Is this it.

Sacudirse ese pasado es difícil, pero si Pearl Jam lo hace por nosotros, uno tiene que hacerlo por ellos. Se necesita otra oída y una más para encontrar, entre tanto pasajes planos, canciones bien trabajadas y mejor ejecutadas como la abridora “Who ever said”, “Quick escape” o “Dance of the clairvoyants”. Con ayuda de Genius, es posible hallar esos versos profundos y contestatarios dentro de tanta larga balada, en “Come then goes”, “Never destination” o “River cross”.

En definitiva, este disco mejora y da un paso adelante en comparación con su antecesor, lo cual ya es ganancia. Aún así, algo vuelve a faltar. Tres o cuatro canciones medianamente memorables en un disco de 12 sólo puede significar una cosa: los mejores tiempos de la banda han quedado atrás. 

Hablando de los Strokes, que también regresaron, resulta curioso que mientras Julian y compañía buscaron desenfadadamente sonar renovados y anormales (quedándose a medio camino), Eddie y los suyos también lo intentaron, a su manera, claro; es decir, tímidamente, sin mucha variedad, y sin ninguna idea de como atraer a nuevo público. Por eso, difícilmente Gigaton logrará echarse a la bolsa a los melómanos z o y, que, a mi opinión, carecen de grandes lumbreras que pongan vigente la bandera del rock. Por el contrario, tal parece que el nuevo material de Pearl Jam es árbol para la madera de los nuevos altares de todos aquellos que no soportan más el olor a rock (coff coff, Pitchfork).

En resumen. Gigaton es un álbum pequeño, lejos incluso del polarizante Backspacer, donde al menos pudimos ver otra faceta de Pearl Jam. Aunque no está a la altura de una banda tan gigante, no demerita tan brillante trayectoria. Sólo queda conformarnos con discos de mediana altura, esa puede ser la única exigencia. Se agradece el esfuerzo de todas formas.

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