Esperón y la chinga de ser independiente: «Grabar, producir y hacer los videos yo solo me ha forjado el carácter»

Las entrevistas más chingonas son las que no parecen entrevistas. Cuando me pasaron el contacto de Fernando Esperón, mejor conocido solo como Esperón, no lo pensé dos veces. El año pasado su disco Nubia fue mi banda sonora personal (y proveedor oficial de quotes de desamor para mis redes sociales).

Hoy, el cantante, compositor y productor mexicano se encuentra soltando los sencillos de lo que será su nuevo álbum (Tristella, Luma, Solare, Meteora), manteniendo esa licuadora de ritmos urbanos, pop y acústicos que lo caracterizan, pero con la mente apuntando al espacio.

Platicamos con él sobre la presión de hacerlo todo solo, los amores fugaces que caen como meteoritos y por qué, al menos por ahora, tocar en un festival masivo no le quita el sueño.


Kuadro: Amigo, qué gusto saludarte. Te confieso que Nubia fue de los discos que más escuché el año pasado; «Nuestro amor no es normal» es un rolón. Ese disco me cautivó porque cada canción es un mundo diferente. Ahora, con estos nuevos sencillos, siento que la base rítmica es más constante. ¿Cómo manejas esa licuadora de sonidos sin perder tu esencia?

Esperón: Qué chido que me digas eso. En Nubia fue muy exagerado, buscaba que cada canción (o grupos de canciones) fueran muy diferentes entre sí porque estaba experimentando para encontrar un sonido propio. En este nuevo disco estoy tratando de hacer lo opuesto: centrarme en un sonido específico.

Para mí es muy difícil cuando me preguntan qué género musical hago; nunca sé qué decir. Tiene elementos de todos lados. La batería y los sintetizadores son digitales, pero la guitarra acústica es real, de cuerdas de acero, y por ahí podría parecer que suena medio norteño o a corrido, pero es pura guitarra. Además, casi todas las canciones están en tres cuartos. No sé qué género sea, solo sé que ya encontré un sonido que me gusta y me quiero seguir por ahí.

Kuadro: Ahorita traes un trip muy espacial con rolas como Tristella, Luma y Meteora. ¿Es puro romanticismo, o a veces hay que mirar al espacio porque la realidad aquí abajo en la Tierra está muy jodida?

Esperón: ¡Puede ser! No lo había pensado así, pero el cielo y el espacio son temas que siempre han estado presentes en todas las civilizaciones. Es algo infinito, difícil de comprender, con implicaciones simbólicas y religiosas. Podrías hablar siglos de las estrellas, de la vida y de la muerte, y nunca vas a agotar el tema.

En realidad, este disco temático no estaba planeado. Después de Nubia escribí Tristella, le gustó a la gente; luego saqué Luma y vi que también pegaba. Dije: «Bueno, ya tengo la de la estrella y la de la luna, ya puedo hacer un álbum con esto». Con Meteora, pensé en lo que me hace sentir un meteorito: es algo que va en caída, destrozándose y desbaratándose. Yo me he sentido así, y creo que todo el mundo se ha sentido así por un «casi algo». Decidí cantarle a esa emoción por el lado romántico.

Kuadro: Hablando de producir tú solo, a veces uno es su peor juez. ¿Te ha pasado que le metes todo el presupuesto y corazón a un tema y no pasa nada, y de repente otra rola pega de la nada? Lo digo por Volver a vernos, que fue un trancazo en Nubia.

Esperón: ¡Totalmente! Contrario a lo que yo creía, Volver a vernos era la penúltima canción del disco y la tenía ahí guardada. Dije: «Ah, vamos a ponerla de una vez en el álbum». A la gente le gustó muchísimo y ni siquiera le hice video musical. Es raro porque yo le hago videoclip a casi todas mis canciones, pero a esa en específico no le tenía tanta esperanza ni le puse tanto foco. Hasta la fecha, si entro a mi Spotify, está en el lugar seis de las más escuchadas. Fue una locura.

Kuadro: Me llama la atención que defiendes mucho el formato de «disco completo», a pesar de que la industria te empuja a sacar puros sencillos. Tú mismo sacaste como 20 canciones sueltas antes de Nubia para aprender a producir. ¿Por qué aferrarse al disco?

Esperón: Es muy curiosa la concepción de lo que es un «disco» hoy en día, porque ya puede ser cualquier cosa. Antes tenía sentido pensar en el disco porque las disqueras les daban una lana a las bandas para que se fueran una semana a un estudio a grabar todas sus canciones de un jalón. Pero eso es muy diferente aplicado a un artista independiente o solista. Alguien que no tiene ese recurso no va a rentar un estudio por una semana. Ese fue mi caso al principio.

Conforme podía, sacaba una canción, hacía el video, la portada, subía la letra y le daba difusión. Una sola canción me requería meses de esfuerzo. Si pegaba, qué bueno; si no, a intentarlo otra vez. Por eso mis primeras canciones fueron sencillos aislados, no tenía la capacidad económica ni de tiempo para grabar un disco completo. Ahora que puedo estructurarlo mejor, hacer un álbum conceptual es algo que siempre quise lograr.

Kuadro: Y todo este esfuerzo te lleva a hacer de todo: produces, escribes, grabas… ¿Qué tan cabrón es ese ciclo de ser tú solo contra el mundo y no tener a alguien que te ponga un límite?

Esperón: Es un buen de trabajo. Todo lo hago de manera artesanal, muy hecho en casa. Empezó porque no tenía recursos para pagar un productor, rentar un estudio o contratar músicos. Aunque hoy ya podría invertir en eso, la verdad es que me gusta hacerlo y dedicarle ese cuidado.

Es retador y cansado. No hay nadie que te dé retroalimentación (solo mis amigos y familia). Todo este proyecto soy yo, una sola persona. Me ocupo demasiado grabando, escribiendo y cantando; el poco tiempo que me queda debo decidir si lo invierto en organizar un concierto, dar entrevistas o hacer TikToks. Incluso con los videos me pasa: pongo la cámara en el tripié, actúo, paso los archivos a la compu, edito y lo saco. Todo yo solo. Afortunadamente, para Meteora ya tuvimos un equipo de producción más grande.

Kuadro: Con toda esta chamba que te avientas, ¿no te da la cosquilla de ya subirte a tocar? Tus fans lo piden, y yo te imaginaba en algún escenario alterno del Vive Latino o algo así. ¿Es una meta para ti llegar a los festivales?

Esperón: Es un tema interesante. Si te soy honesto, llegar a un festival no es mi objetivo. Como dices, tiene que ser un escalón, no una meta. En esta industria, cuando vas empezando, todo el mundo te dice: «Aparenta esto, haz un concierto para llamar la atención de los organizadores y que te inviten», como si toda tu vida girara en torno a que te acepten. Obviamente me gustaría tocar ahí, pero no es el centro de mi vida.

Ahorita mi prioridad es terminar este disco. Es algo muy importante para mí y quiero presentarlo bien en un concierto mío. Tiene más de dos años que no toco en vivo. Yo tengo un solo cerebro: o lo utilizo para escribir canciones, o para organizar un concierto. Podría delegar, pero descuidaría el disco, y siento que estas canciones son un ciclo que debo cerrar primero. Cuando salga, haré un concierto grande.

Kuadro: Ojalá que cuando termines el disco me lo compartas para platicarlo de pies a cabeza. Yo soy de la vieja escuela y sigo escuchando discos completos en mi iPod. ¿Saldrá en físico?

Esperón: ¡Sí quiero hacerlo en físico! Es una conversación importante por lo que vivimos hoy con el streaming. Si las plataformas deciden bajar tu música, o bajan una película, ya nunca la volverás a ver. Fabricar un disco cuesta dinero, igual que distribuirlo, pero definitivamente me encantaría.

Todavía me faltan como cinco canciones que iré sacando como sencillos de aquí a fin de año, y después vendrá el show. Cuando salga, claro que te contacto para platicar de nuevo y echarnos esa cerveza. Mientras tanto, escucha la canción de Agua, de mis viejos sencillos, es de mis favoritas.

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