Harmless: «Mi sueño se hizo realidad… ¿por qué no soy feliz?»

Nacho Cano, el cerebro detrás de Harmless, ha vivido una montaña rusa de identidades y emociones. Desde ser atropellado por un conductor ebrio hasta ver cómo una canción que grabó en 2012 («Swing Lynn») explotaba en TikTok una década después. Ahora, regresa con «by them, by you, by me», un álbum que él mismo define como una ruptura, pero no con una persona, sino con su trabajo. Platicamos con él sobre la toxicidad de la industria musical, el ego del artista y por qué tuvo que volver a México para entenderse a sí mismo.

Revista Kuadro: Nacho, un gusto. Escuchando tu nuevo álbum, sentí que fluye como si todos los tracks fueran uno solo. Le das un sonido muy cohesivo.

Harmless: ¡Qué bueno que lo veas de buena forma! Mi perspectiva fue crear algo con una visión conceptual. A veces haces colecciones de canciones, pero aquí quería una visión. Pensé que este iba a ser mi último disco. Quería escribir canciones sobre cuando me desenamoré de la música. Es un álbum para gente a la que se le acaba de romper el corazón, porque a mí se me rompió el mío, pero con mi trabajo y mi pasión.

Revista Kuadro: Defines el disco como una ruptura laboral. ¿Qué es más tóxico y te jode más la cabeza: una mala relación de amor o una mala relación con la industria musical?

Harmless: Creo que son congruentes. La música es casi como tener un matrimonio: le pones trabajo y esperas algo de regreso. Pero cuando se vuelve tu chamba, cambia. Es como meter dinero en una relación con amigos o pareja; ya no es lo mismo, ahora es una negociación. Sentí que perdí el amor que le tenía a la música porque ella cambió: se volvió más digital, fuera de lo vivo. Aunque la aprecio por la vida que me ha dado, el matrimonio se siente un poco atorado.

Revista Kuadro: Musicalmente, este disco se aleja del indie-pop soleado y entra en terrenos de shoegaze, con más ruido y texturas. ¿Fue una decisión consciente usar ese «ruido» como un escudo, o así suena tu cabeza cuando estás en crisis?

Harmless: Es un poco de ambas. El shoegaze tiene esa cualidad de «muro de sonido» que te permite gritar sin que se entienda del todo lo que dices, y eso es muy terapéutico. Quería que la música reflejara la confusión. Cuando estás en medio de una ruptura, no todo es claro y melódico; hay distorsión, hay feedback emocional. Necesitaba que las guitarras sonaran tan abrumadoras como me sentía yo ante la industria.

Revista Kuadro: Tienes una frase brutal en el disco: «Mi sueño se hizo realidad, entonces, ¿por qué no estoy feliz?».

Harmless: Es algo generacional. Tengo 33 años y crecí en los 90 con la idea de que si encontrabas tu pasión, nunca trabajarías un día en tu vida y todo tendría sentido. Para mí fue una lucha, y cuando llegó este sueño y se volvió realidad, no me sentí completo. El «sueño verdadero» que te vende la industria es que nunca pares, siempre tienes que querer más. Pero llegué a un punto donde estoy cansado. Quiero que alguien me diga qué tengo que hacer, pásenme las órdenes, ya estoy cansado de adivinar qué es lo que quieren.

Revista Kuadro: Mencionaste que pensaste que este sería tu último disco. ¿Hubo un día específico, un «breaking point» donde dijiste «ya no puedo más», o fue un desgaste lento?

Harmless: Fue un desgaste lento que culminó en una realización: si voy a fracasar, prefiero fracasar bajo mis propios términos. Pasé mucho tiempo tratando de complacer a gente en oficinas que no saben de música, tratando de perseguir el algoritmo. Y me dije: «Si este es el final, voy a hacer el disco que yo quiero escuchar, sin pensar en si va a pegar en TikTok». Irónicamente, esa libertad fue la que me hizo querer quedarme.

Revista Kuadro: Hablando de TikTok, tu canción «Swing Lynn» explotó años después de que la grabaste. ¿Crees que ese éxito diferido es una maldición cuando estás intentando hacer algo nuevo?

Harmless: No, nunca. Es parte de mi historia. Siempre hay un ego en el artista de querer que se enfoquen en lo nuevo, en la persona que eres hoy. Pero hace unos años fui atropellado y casi morí, y eso me enseñó que la vida tiene muchas etapas. Conectar con la persona que fui en el pasado es verla como una joya. No es una maldición; es como si hubiera invertido en Amazon hace 30 años y por fin pegó. Nunca dejé de creer en esa canción. Tal vez una de las nuevas rolas tarde otros cinco años en pegar, y no me enoja, es un gran placer.

Revista Kuadro: Naciste en México, te fuiste a EE.UU. y regresaste acá para terminar este disco. ¿Qué encontraste en México que no había en Los Ángeles?

Harmless: Regresé a terapia, y fue mi primera vez con una terapeuta mexicana. Descubrí que, emocionalmente, pienso en español, soy súper mexicano. Me trabo mucho tratando de traducir eso a la cultura americana, aunque cante en inglés. Fue más fácil ir a México y tener este diálogo con amigos que me entienden. Emocionalmente, nunca voy a dejar de ser mexicano aunque viva por allá.

Revista Kuadro: Ahora que estás tocando estas canciones en vivo, ¿se siente como reabrir la herida cada noche o se ha convertido en un exorcismo?

Harmless: Definitivamente es un exorcismo. Al principio me daba miedo, pensaba que me iba a poner triste en el escenario. Pero ver a la gente conectar con esa frustración, ver que ellos también están «rompiendo» con algo en sus vidas mientras yo toco, transforma el dolor en energía. Ya no es una queja, es una celebración de que sobrevivimos a eso.

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