Hay artistas que ven la música como un negocio de velocidad, y hay otros que la entienden como un refugio sagrado para sanar el alma. Tras casi una década de no lanzar un material de larga duración en condiciones habituales —desde aquel lejano El Polvo en la Luz (2014)—, Juan Manuel Torreblanca está de regreso.
Su nuevo proyecto, Protocolo de Caídas, es una obra conceptual dividida en tres actos que funciona como una obra de teatro y, al mismo tiempo, como una bitácora poética de supervivencia frente al duelo, las crisis y las despedidas. Platicamos en exclusiva con el ganador del Grammy Latino sobre su obsesión por la dramaturgia, su resistencia frente a la sobreoferta de la industria musical actual y cómo el dolor puede transformarse en un abrazo.
Revista Kuadro: Escuchando este nuevo material, es grato notar que mantiene los tintes y las raíces con las que conocimos a Torreblanca hace unos ayeres. ¿Cómo se siente este regreso definitivo a la música?
Juan Manuel Torreblanca: ¡Qué buena onda, muchas gracias! Justamente estamos cocinando el regreso. Me gusta pensar que este proyecto es como si fuera una obra de teatro donde ya pasaron la primera y la segunda llamada, y estamos por comenzar. Cada uno de estos EPs está acomodado como un acto. Este disco es francamente una suerte de regreso, porque mi último álbum en condiciones normales fue El Polvo en la Luz. Aunque tuve la fortuna de seguir publicando colecciones de lados B o discos pandémicos, todos esos fueron materiales de duelo, hechos en condiciones no del todo normales. Este es el primer disco en mucho tiempo que nace solamente por la pura vocación de plasmar la música y compartirla.
Revista Kuadro: El concepto de Protocolo de Caídas es muy potente. ¿Lo ves como una lista de instrucciones para sobrevivir a las crisis de estos últimos años?
Juan Manuel Torreblanca: Un poco sí, pero de una manera poética. Lo he pensado como los textos de Julio Cortázar y sus Instrucciones para llorar, que no son literales, sino reflexiones poéticas. Las canciones en sí son reflejos de momentos de caída, de crisis y de duelos. Curiosamente, le platicaba a mi amiga Fana Adjani, que es coreógrafa y bailarina con la que entrené danza, que en este proceso de promoción he recordado mucho cómo ella me enseñó a caer en el escenario. Me lo recordó con una frase bellísima: “Una de las cosas maravillosas de aprender a caer en la danza es ver que el suelo te recibe y te abraza”. Esa descripción se me hace hermosa para este disco.
Revista Kuadro: Hoy en día la industria musical vive obsesionada con el algoritmo, exigiéndole a los artistas sacar un sencillo cada quince días. ¿Fue difícil resistir esa presión para regresar bajo tus propios términos y tiempos?
Juan Manuel Torreblanca: Mira, Erick, yo creo que no. La misma industria sigue mutando y ya llevamos muchos años probando ese esquema de sacar un sencillo cada dos semanas; al final, todo el mundo está haciendo lo mismo. Hoy en día hay una sobreoferta tan grande que lanzas un disco un viernes —así seas Beyoncé— y a los quince días ya casi no es noticia. Los discos por sí solos están desapareciendo de la conversación muy rápido. Esta manera de acomodar Protocolo de Caídas en tres actos fue una estrategia y un proceso natural para buscar algo más original, fresco y divertido para nosotros. Afortunadamente, tuve un diálogo muy abierto con la agregadora One RPM, donde me dijeron: “¿Qué quieres hacer? Vamos a inventar algo”. Eso nos permitió armar un equipo que conectará con las personas que escuchan de manera profunda.
Revista Kuadro: El trasfondo teatral está pesadísimo en este álbum. Estuviste muy metido tras bambalinas haciendo dramaturgia en Casa Azul, microteatro en la Santa María la Ribera y en la obra de improvisación Desde Cero. ¿Cómo se coló el teatro en tus nuevas canciones?
Juan Manuel Torreblanca: Se coló mucho más de lo que yo mismo me daba cuenta. Mi obsesión por el teatro viene de hace 15 años; me metía a cuanto diplomado de dramaturgia encontraba. Estar en la obra Desde Cero inventando un musical diferente cada semana junto a actores de improvisación increíbles te hace sentir el escenario de otra forma. Ahora que vuelvo a la música, me doy cuenta de que en los escenarios que plantean las canciones, el teatro está más presente que nunca. De hecho, tengo un musical completo guardado en el cajón porque levantar una obra de gran formato es carísimo. Si algún mecenas lee esto y quiere levantar un musical mexicano original, ¡que me contacte! (risas). Me encantaría llevar los conciertos de rock-pop alternativo a algo más teatral, con escenografía distinta y actores, sin que llegue a ser una obra de teatro musical tradicional.
Revista Kuadro: El Primer Acto (Hay un mundo allá afuera) salió en diciembre. Ahora estamos digiriendo este Segundo Acto (¿Por qué no sales?), que se siente más melancólico. ¿Qué nos depara el cierre en el Tercer Acto?
Juan Manuel Torreblanca: Lo estás leyendo muy bien. El primer acto fue un regaño a mí mismo, un: “Sé que tienes demonios, dudas y duelos, pero no puede ser que pases una década con esta música congelada en el cajón”. El segundo acto profundiza el regaño, es aceptar cómo es uno y enfrentar momentos que no tienen negociación, como la muerte. Este disco nace a partir de la muerte de mi padre y del divorcio de lo que fue Torreblanca como banda en su primer ciclo; de ahí viene la melancolía y la nostalgia de este segundo acto. El tercer acto todavía es un misterio que se revelará a fin de año, pero mi esperanza es que va hacia arriba. Las canciones que guardamos ahí son rítmicas, de las más felices y energéticas que he hecho en mi vida. Es intentar inventar un futuro distinto donde, a pesar de todo lo horroroso que hay en el mundo, se pueda seguir bailando y siendo felices como un acto de resistencia.
Revista Kuadro: En este segundo acto viene «Lo más importante», donde juegas con la idea de cerrar los ojos para apagar el ruido mental. Curiosamente, el coro no tiene letra. ¿Qué nos quisiste decir con ese silencio?
Juan Manuel Torreblanca: Es un juego de palabras. En el coro, donde en teoría debería estar la frase que nos revela de qué se trata la canción, la voz te dice: “Ahí viene la frase importante… respira…” y no dice nada. Solo se cuela la melodía de un clarinete. A veces uno escribe desde el inconsciente, pero hoy pienso que lo que la canción está diciendo es: “Deja de tratar de controlarlo y entenderlo todo; por un ratito solo cállate y escucha”. Se trata de estar presente desde la observación, y también de apoyarte en la comunidad, en tu familia y amigos para salirte de tu propio ruido mental interior.
Revista Kuadro: Estuviste un tiempo fuera de los reflectores principales, pero ganaste un Grammy Latino por tu trabajo de producción en el icónico Déjenme Llorar de Carla Morrison, además de premios en teatro. ¿Ese reconocimiento te dio la seguridad para presentar un proyecto tan vulnerable y maduro?
Juan Manuel Torreblanca: Se siente muy bonito recibir premios, pero tampoco son la última meta de la vida. El Grammy Latino que ganamos con el disco de Carla Morrison fue un proceso hermoso. No quiero minimizar mi aportación junto a Andrés Landon, pero ese premio es principalmente de Carla, porque ella es una estrella enorme con un don divino, una voz de sirena y una creatividad contundente. El premio de las Lunas del Auditorio como Artista Revelación con la banda fue un voto de confianza muy lindo de la comunidad tras hacer nuestro primer Lunario con sold out. Y el premio de teatro por Desde Cero también fue un logro en equipo. Cada premio tiene su parte positiva, pero lo realmente valioso y entrañable, donde uno le invierte todo el alma, es en los procesos. Compartir, crear y estar en el estudio es mucho más bello que el trofeo en sí.





