Lucía Anaya: sueños pendientes, Africa Express y el futuro de Bahidorá

En la primera parte de esta conversación con Lucía Anaya, curadora y programadora musical de Bahidorá, hablamos sobre su visión de la curaduría, el riesgo como brújula y la importancia de abrir espacio a voces diversas dentro del cartel.

(Si aún no la lees, puedes leerla aquí abajo)

En esta segunda parte, la charla se mueve entre el pasado y el futuro del festival: los artistas que aún sueña con traer, el impacto de colaboraciones como Africa Express y cómo estos proyectos siguen marcando el rumbo de Bahidorá. Todo esto además mezclado mientras escuchas un poco a qué podría sonar en una futura edición.


Hablemos del pasado, de las últimas ediciones. Creo que de las más destacadas es la de Africa Express, porque hasta se hicieron un disco con el nombre de Bahidorá. Primero, cuéntanos cómo hicieron para traerlos.

Yo hasta dije que era una locura porque el disco era viejísimo, pero me dijeron: “manda propuestas”. Hice una lista, el proyecto empezó a tomar forma como un año antes, y ya se empezó a moldear con el tiempo. Toledo, uno de los socios de Bahidorá, fue quien buscó a Africa Express y comenzó la conversación. Yo conocía a algunos artistas del colectivo, como Fatoumata o Moonchild. Fue arriesgado. Fue bastante trabajo, pero hubo muchas ganas de hacerlo y de que sucediera.

Y luego, ¿cómo sucedió el encuentro con el talento mexicano y con ese ¿album que se grabó?

Fue increíble. Mandamos una lista bastante grande de artistas mexicanos, colombianos y de otros países, pero al final escogieron mexicanos nada más. Y me gustó que seleccionaron artistas que van mucho con esta visión de apoyar comunidades disidentes, mujeres, comunidad LGBTTT.

Por eso estuvieron La Bruja de Texcoco, Mare (Advertencia Lirika) … Mandé propuestas muy diversas y me gustó mucho que no se fijaran en los números ni en las métricas. Eso fue sorprendente y muy valioso.

¿Sientes que Bahidorá impulsó una nueva etapa para Africa Express?

Sí, totalmente. Bahidorá en realidad revivió y despertó ese proyecto de nuevo. Después se hizo una gira en Europa, lo del Cervantino… No se sabe si volverán a sacar música o cómo evolucionará, porque es un proyecto muy impredecible y cambiante. Y está padre la jerarquía, y la visión que tienen de mantenerlo horizontal, de que no es “el proyecto de Damon Albarn”. Son muy cuidadosos con eso, y le están dando mucho empuje a los artistas. Luisa Almaguer hizo una gira en Europa en noviembre y regresará el próximo verano. Sí les da cierta proyección y plataforma que se agradece, porque les da visibilidad frente a curadores que llevan años identificando proyectos que después despegan.

Fue bastante trabajo y hubo muchas ganas de hacerlo y de que sucediera. Y lo padre también —algo que siempre digo en entrevistas— es que el entretenimiento y los shows no están hechos para complacer. Nadie quiere complacer. Cuando eres curador, lo peor que puedes hacer es complacer; al menos yo lo veo así.

Hubo gente a la que se le hizo largo, hubo gente que lloró, gente que se fue y luego regresó. Para eso es la música y para eso son los festivales. No te tiene que gustar todo. Igual algo te malviaja y luego dices: “wow, me hizo pensar en tal cosa”. Son señales en tu vida, sean positivas o negativas. Eso es lo que pienso del entretenimiento en general: no puede ser complaciente.

¿Dónde estudiaste para dedicarte a la curaduría musical?

Nada. Soy autodidacta. Empecé muy chiquita; iba a ser publicista y luego empecé a hacer promotoría. Lancé Boiler Room en México y Latinoamérica en una época en la que no se hablaba tanto de gaslighting ni de muchos temas que hoy están sobre la mesa. Al final me salí por diferencias, pero se me abrieron muchas puertas y tengo amistades de muchos años gracias a ese proceso.

¿Qué representa Las Estacas dentro de la experiencia Bahidorá?

Es único. Es un espacio muy especial. Yo me acuerdo cuando fui al primero, que fui con una banda que se llama Astro. Yo recordaba Las Estacas de cuando iba de chiquita, a campamentos y cosas así. Creo que fue un golpe cultural importante, incluso para las mismas Estacas y para la industria de los festivales en México.

Según yo, somos de los pocos festivales que siguen siendo realmente independientes. Es difícil en un país como México ser autosustentable como festival, y Bahidorá resiste. Eso también forma parte de su identidad.

Hablemos del futuro. Si pudieras traer a cualquier artista a Bahidorá —sin limitaciones—, ¿quiénes quedan en tu lista?

Juana Molina. Fue algo que no se logró por temas de horarios y me dolió muchísimo. Yo admiro mucho lo que hace. También Sudan Archives; su show está loquísimo. Se inventó un violín eléctrico que se cuelga en el cuello, y lo que hace en vivo es impresionante. Es alguien a quien definitivamente le pondría el ojo.

No te voy a decir Rosalía; no me interesaría bookearla hoy, ya fue. Me interesan más proyectos que propongan algo distinto. Anohni, por ejemplo, se me haría un show bastante interesante y espiritual. También Laurie Anderson, que tiene una propuesta conceptual muy potente.

Este fin de semana, el Carnaval regresa a Las Estacas con esa misma esencia: diversidad, descubrimiento y celebración colectiva. La invitación está hecha. Bahidorá no es solo un festival, es una experiencia que se vive —y se construye— entre todos.

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