Molotov y la mutación de la bestia: 30 años de irreverencia en un Palacio a reventar

Para Molotov, la crítica nunca ha sido un obstáculo; es combustible. A ellos les puedes decir «Chinga tu Madre», gritarles “Puto” o cuestionar sus formas, y lejos de ofenderse, lo transforman en decibeles. En tres décadas de carrera, la banda ha dejado claro que su determinación es de acero y, aunque toda trayectoria longeva tiene sus tropiezos, este fin de semana demostraron por qué siguen siendo los dueños del desmadre nacional al colgar el letrero de Sold Out en el Palacio de los Deportes.

Con una alineación histórica la noche no fue ordinaria. El escenario del «Domo de Cobre» vio a una «Molocha» enriquecida, mutando de su formato clásico de cuatro jinetes a un sexteto poderoso. Es sabido que Tito Fuentes atraviesa un momento personal complicado, lo que ha limitado su presencia en el escenario; sin embargo, su breve aparición fue el momento más emotivo de la velada, un recordatorio de que la banda es familia. Mientras tanto, la trinchera de la guitarra fue resguardada por un Jay de la Cueva desatado, quien aportó su carisma y técnica, inyectando su sello a los clásicos.

Entre esta alineación expandida, los pesos pesados no faltaron. Pato Machete, el gran aliado del hip hop regio, se unió al ritual para detonar “Gimme tha Power”, convirtiendo el recinto en una sola voz de protesta y catarsis.

Rompiendo la rutina y con un lleno total le da la razón a Molotov en muchos aspectos. El público no se cansa de corear desde la sátira de “Que no te haga bobo Jacobo” hasta la irreverencia de “Pendejo”. Sin embargo, hubo sorpresas en la estructura: rompiendo la costumbre, “Rastaman-dita” apareció mucho antes del cierre, sacudiendo a la audiencia cuando menos lo esperaban y elevando la temperatura del slam a mitad del show.

Es curioso pensar que apenas en octubre de 2025 la banda había pisado este mismo escenario. Volver a llenar el Palacio pocos meses después es una hazaña que solo se explica con la lealtad de la «raza». Aunque pasen los años y el setlist mantenga su columna vertebral, ver a la Molocha siempre es garantía de buen rock and roll.

El cierre fue magistral. Pato Machete que colaboro en todo el show sentencio la noche con “Comprendes Mendes”, inyectando una dosis de nostalgia noventera que dejó a los miles de asistentes con la adrenalina a tope.

Esta presentación nos deja mucho en qué pensar. Molotov ha crecido, literal y musicalmente. La dinámica de sexteto funcionó con una potencia demoledora, dejando en el aire el deseo de que ni Pato ni Jay se vayan, y que Tito recupere su lugar al cien por ciento en la banda que fundó.

Solo nos queda una petición: Ojalá no tengan “Lagunas Mentales” y pronto nos entreguen un disco nuevo. La maquinaria en vivo es perfecta, pero necesitamos nuevas canciones que enriquezcan este legado y alimenten las presentaciones futuras de una banda que, a 30 años, sigue siendo la voz incómoda y necesaria del rock mexicano.

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