Ni boletos de 180 pesos, ni vuelos en lonas mugrosas: La brutal evolución del Vive

¿Cuántas pinches veces hemos escuchado la misma cantaleta? «Es que el Vive ya no es lo mismo». A ver, explíquenme algo: ¿qué chingados en esta vida sigue siendo igual después de un cuarto de siglo? Nada.

Se quejan porque el cartel ya no está atascado de bandas de ska a las tres de la tarde. Ese es el punto medular de los chillidos. Hay una generación que vivió las primeras ediciones y que secretamente quiere seguir pagando su entrada con kilos de arroz, o que el boleto les siga costando sus pinchurrientos 180 pesos. Pero aterricen: por muy «punk» y antisistema que nos sintamos, la realidad es que hoy en día hasta comprar un huevo te cuesta un huevo y la mitad del otro. La vida subió, punto.

Y voy a ser brutalmente honesto: estoy seguro de que si hoy el boleto costara 180 pesos, esos que más se quejan tampoco irían. ¿Por qué? Porque obvio ustedes tampoco son los de antes. Ya traen 25 años más encima, dolor de rodillas, hijos, y a como va de rápido la chaviza con el reggaetón, igual y ya hasta nietos traen.

Si el Vive ya no es lo mismo, es porque todos hemos cambiado. Hemos llorado, hemos sufrido, nos hemos caído. Así como el mismo festival ha pasado por ediciones con ventas por los suelos y otras con la audiencia desbordada. Ha tenido altas y bajas, porque así es la vida real.

Entonces, cuando dices «El Vive ya no es como antes», ¿exactamente qué añoras? El festival sigue ahí, vivito y coleando. ¿Extrañas un precio de risa? ¿Extrañas ver a 10 bandas de ska seguidas? ¿O extrañas volar güeyes en las lonas mugrosas que arrancábamos del piso? Porque, seamos sinceros, si hoy vieras a tu hijo o a tu hija volando por los aires en una de esas mantas, te daría un infarto y armarías un escándalo. Así que no me jodas.

El Vive ya no es como antes, no. Antes solo teníamos dos escenarios mal puestos; hoy son más de cinco, y seguro me quedo corto. ¿Qué le reclamas a un evento al que, aunque tuvieras la lana para pagarlo, ya no irías porque te da flojera estar parado tantas horas? Aceptémoslo: tú solo añoras esos ayeres antes de casarte, de tener deudas y de divorciarte. Crees que eres el mismo morro de hace 25 años, y no es así. Tu queja no es con el Vive, es con tu reloj biológico.

Más allá de tirar mierda diciendo que «ya no es lo de antes», deberíamos dar gracias. Gracias a la evolución de este monstruo, hoy en día tenemos decenas de festivales de primer nivel en todo el país. El Vive Latino fue el padre de todos ellos. Sí, ha subido de precio, no nos hagamos pendejos, pero también ha traído a México agrupaciones que en otra vida jamás hubiéramos soñado ver.

A mí siempre me preguntan: «Oye Erick, ¿y a qué banda vas a ir a ver este año al Vive?» Y mi respuesta siempre es la misma: Me vale madres el cartel. No tengo bronca con quién toque. Este es el festival de mi vida, con el que he crecido, en el que he sudado, y con el que he vivido las cosas más cabronas en estos más de 25 años.

Porque al final del día, aquí nadie es como antes. Y qué bueno. Nos vemos en el slam.

Somos una revista especializada en música con 15 años de trayectoria.

Música sin algoritmo

contacto@revistakuadro.com
prensa@revistakuadro.com
Zeen Subscribe
A customizable subscription slide-in box to promote your newsletter
[mc4wp_form id="314"]