Hay artistas que escriben canciones y hay artistas que musicalizan cicatrices. Rafa Arreguín, con su proyecto solista, pertenece sin duda a la segunda categoría. Su nuevo álbum, «Reflexiones y Delirios», es una inmersión valiente en el universo del desamor, contada a través de composiciones que desafían la inmediatez del pop moderno con estructuras largas, clímax inesperados y una honestidad que duele y sana a partes iguales. En esta charla, nos adentramos en su laboratorio creativo para entender de dónde vienen estas historias, cómo la nostalgia de sus abuelos moldeó su sonido y por qué, a veces, las mejores canciones nacen cuando uno está tirado en la cama sin ganas de nada.
Revista Kuadro: Rafa, un gusto platicar contigo. Tu nuevo disco, «Reflexiones y Delirios», se siente como un viaje muy personal. Lo primero que llama la atención es que no haces canciones típicas; son largas, con desenlaces muy potentes.
Rafa Arreguín: ¡Qué chido que lo notes! Sí, me gusta jugar con estructuras que sean digeribles, como el pop, pero al mismo tiempo busco no ser predecible. Algo que se ha vuelto característico en mi composición es que el último coro de la canción suele tener una letra distinta. Es mi manera de darle un cierre final a la historia que estoy contando. El primer coro te da el contexto, pero el último es el clímax, donde todo cae por su propio peso y dices «ah, ok, por acá iba la cosa».
Revista Kuadro: Eso se nota mucho en «San Jorge», que fue como muchos te descubrimos. Tiene momentos instrumentales largos y ese coro final que cambia y acelera todo.
Rafa Arreguín: Exacto. «San Jorge» y «Paisajes» tienen esas transiciones instrumentales que a veces duran un minuto completo. Es algo que la gente ya no está tan acostumbrada a apreciar, como que quieren letra constante. Pero esos momentos son clave. Y en «San Jorge», ese último coro donde la rima se acelera —»no medir las aventuras, abordar las travesuras, olvidar la compostura»— es mi parte favorita. Quería que fuera algo que no te esperaras, un éxtasis que explota justo antes de que entren las trompetas. En vivo, esa parte es muy potente.
Revista Kuadro: Este nuevo disco, sin embargo, se siente con un sonido más maduro, más nostálgico. Temas como «Dorado» suenan a baladas románticas de otra época.
Rafa Arreguín: Totalmente. «Dorado» representa muy bien el sonido del disco, que está muy inspirado en las baladas de los 60 y 70, como Los Ángeles Negros o Los Pasteles Verdes. Es música que escuchaba en casa de mis abuelos y que siempre estuvo ahí. La pandemia me puso a reflexionar mucho y, de hecho, se llevó a personas cercanas, a mis abuelos. Eso me hizo conectar con esas raíces. Mis primeros discos venían de un éxtasis más adolescente, de sentirte invencible. Este álbum es más serio, es el resultado de darme cuenta de que a esto me quiero dedicar para siempre.
Revista Kuadro: Se siente ese cambio no solo en el sonido, sino en la producción. Comparado con EPs como «Siniestra», este disco suena mucho más grande.
Rafa Arreguín: Sí, es que todo ha ido evolucionando. Tenía 19 o 20 años cuando hice «Pegado a tus huesos». Eran canciones más inocentes, no pensaba que las escucharían cientos de miles de personas. Ahora, el proceso es más profesional. Este disco se grabó en un estudio con más recursos, los videoclips tuvieron más producción. Todo se ha ido formalizando, pero al mismo tiempo, me doy cuenta de lo importantes que fueron esas primeras canciones, más ingenuas, que siguen siendo las favoritas de mucha gente.
Revista Kuadro: De este nuevo álbum, ¿cuál fue el sencillo principal?
Rafa Arreguín: Para el lanzamiento final del disco, el sencillo fue «Veneno». Pero antes de eso, soltamos siete de las diez canciones. El primer adelanto fue «Suicida», que sentí que explicaba bien el nuevo mood del proyecto, este cambio de etapa. Esa canción fue muy especial porque la grabamos todos juntos en el mismo cuarto, tocando al mismo tiempo, y creo que eso le dio un aura distinta.
Revista Kuadro: El desamor es un tema recurrente y muy poderoso en tus letras. ¿Es un lugar al que vuelves conscientemente para componer o simplemente sucede?
Rafa Arreguín: Creo que es un tema que me toca mucho personalmente. No es que me guste estar mal, pero es en la tristeza o en el desamor donde a veces es más fácil que surja una canción. Cuando estás bien, quieres salir y divertirte. Cuando estás mal, a veces lo único que quieres es estar tirado en tu cama, y es ahí donde aparecen las ideas más relevantes. Yo no decido conscientemente «hoy voy a escribir sobre desamor». Más bien, agarro la guitarra casi diario para ver qué traigo por dentro, y si hay algo en mi vida que es tan fuerte que no puedo evitar que salga, simplemente se manifiesta. Es como ser un pescador, estás con tu caña todo el día esperando a que pique el pez.
Revista Kuadro: Ahora llevas este universo tan íntimo a una gira. El 29 de agosto presentas el disco en Bajo Circuito. ¿Cómo planeas traducir estas canciones tan reflexivas a la energía del en vivo?
Rafa Arreguín: ¡Sí, estás invitadísimo! Es el arranque de la gira y estamos muy emocionados. Es la primera vez que tocaremos estas canciones en vivo, de hecho, no hemos tocado en todo el año para preparar bien esta presentación. Será un show variado, un viaje desde los primeros EPs hasta «Reflexiones y Delirios». Queremos que la gente sienta tanto la intimidad de las nuevas baladas como la energía de las canciones de siempre.
Revista Kuadro: Ya para cerrar, Rafa. Después de un disco tan introspectivo, ¿crees que tu perspectiva sobre el desamor cambiará en futuras composiciones o es una fuente de inspiración que siempre estará ahí?
Rafa Arreguín: Definitivamente va a seguir pasando. El desamor es una fuente muy potente. Pero mi música está marcada por lo que vivo día a día. Las canciones me van dictando hacia dónde van. No lo decido yo, sino las experiencias que me van atravesando. Así que, mientras la vida siga pasando, seguirán saliendo canciones, ya sea de amor, de desamor o de lo que toque sentir en ese momento.


