Fotos: Alejandro Servin
Las entrevistas no siempre son preguntas y respuestas; a veces son espejos. Llegué a sentarme con Nacho Vegas en la Ciudad de México con el alma raspada, cargando historias personales de pérdida y boletos de conciertos que nunca se usaron. Frente a mí tenía a un tipo que lleva 25 años cantándole a los corazones rotos, a los marginados y a las derrotas cotidianas.
Con su nuevo disco, Vidas Semipreciosas, bajo el brazo y a unas horas de presentarse en el Vive Latino 2026, el cantautor asturiano nos regaló una de las pláticas más crudas y honestas que hemos tenido en Revista Kuadro. Hablamos sobre sobrevivir al sistema, la censura, el dolor colectivo y por qué la guillotina a veces parece la única salida.
Kuadro: Escuchando Vidas Semipreciosas me quedo pensando en la ironía del tiempo. De jóvenes creíamos que brillábamos como diamantes y nos íbamos a comer al mundo, pero crecemos y nos convertimos en piedras rasposas, con fallas y grietas. En tu disco parece que encuentras más belleza en esa imperfección que en un diamante intacto.
Nacho Vegas: Tomar conciencia de eso es importante porque es la única manera de empoderarnos al final. Cuando somos jóvenes creemos que tenemos la verdad absoluta, que los cuatro grupos que escuchamos son los mejores del mundo y despreciamos lo demás. Tenemos que darnos cuenta de lo equivocados que estamos y ser conscientes de la semipreciosura de nuestras vidas. Es importante para llegar más lejos, para hacer las cosas de forma más bonita, más tierna y menos individualista o cínica. Reconociéndonos los unos a los otros, con nuestras grietas, es cuando podemos gritar más alto y con más fuerza.
Kuadro: En la canción Llueven moscas sueltas una frase brutal: «Hoy me duelen los pensamientos, me preguntan, miento, digo que estoy mejor… de ser algo soy una ruina, solo la guillotina aplacaría el dolor». Siempre decimos que estamos bien cuando estamos mal. ¿Cómo le hacemos para sobrevivir el día a día cuando todo parece una fachada y la única salida parece ser esa guillotina?
Nacho Vegas: Creo que debemos abordarlo desde una perspectiva antropológica. Para solucionar lo que nos ocurre, tenemos que ser conscientes de que no estamos solos. Históricamente, los duelos se hacían de forma colectiva; llorando o celebrando el paso a otra vida junto a otros. Pero hoy, dentro de este paradigma neoliberal, parece que cuando te ocurre algo terrible lo que haces es ir al médico para que te dé una pastilla, te anestesies y parezca que ya pasó todo.
El sistema nos empuja a que la felicidad sea un imperativo. Mostrar nuestra infelicidad es visto como un síntoma de debilidad, y creo que hay que reivindicar esa debilidad. A veces la gente está jodida por dentro y la vida te obliga a parecer que estás en paz. La única manera de solucionar eso es siendo conscientes de que nos necesitamos los unos a los otros. Si somos frágiles es precisamente porque nos necesitamos, y de forma colectiva es cuando nos hacemos más poderosos.
Kuadro: Pasando a Perplejidad, ahí abordas la pérdida de un amor. Cuando todo huele a humo y ves a lo lejos que algo se está quemando, ¿cómo se sigue cantando?
Nacho Vegas: Lo que te proporciona hacer un álbum es que puedes mirar la vida desde perspectivas muy diferentes. La primera persona de una canción no es la misma que la de la pista siguiente. Es importante tener esa amplitud de miradas para gestionar las cosas radicales que suceden en tu vida: cuando se rompe la armonía y sientes que hay un caos inexplicable. A veces lo que te está pasando te quema vivo, y a veces puedes esperar, tomar distancia y verlo como algo que solo humea en la lejanía.
Kuadro: En Deslenguarte hay algo muy punk. Es un tema de más de siete minutos donde hablas sin censura y con mucha literatura, yendo en contra de esta época de cristal donde todo el mundo se ofende. Como dicen en España, sueltas el «Me cago en Dios». ¿Cómo transmites esa rabia hoy en día?
Nacho Vegas: No me importa tanto la «generación de cristal» o los «ofendiditos», como les llaman en España. Lo que me parece realmente peligroso es la gente que, por decir lo que piensa, se encuentra con un muro de represión por parte del Estado. De eso habla la canción: de las mordazas que nos ponen.
En el Estado español tuvimos al rapero Pablo Hasél años en la cárcel por cantar contra la monarquía corrupta; están las seis compañeras sindicalistas de «La Suiza» en la cárcel por hacer sindicalismo; hay jóvenes en prisión por manifestarse contra la extrema derecha. Esas mordazas que nos impiden decir lo que queremos y decidir políticamente son el verdadero peligro. Cuando me hablan de la «cultura de la cancelación», yo pregunto: ¿a quién están cancelando? ¿A Plácido Domingo? A él no lo cancelan. Cancelan a mis amigas en Gijón por hacer sindicalismo o a Fermín Muguruza por denunciar torturas.
Kuadro: Llevas años metiendo el dedo en la llaga en la lucha obrera y social. ¿Dónde está la línea para ti entre hacer una canción política honesta y hacer un panfleto oportunista que da flojera?
Nacho Vegas: Todo lo político es humano y tiene una dimensión emocional y afectiva; eso es lo que traslado a mis canciones. Cuando una canción mía tiene una dimensión política marcada, es porque hay algo que me golpeó las entrañas, el corazón o la cabeza, exactamente igual que cuando escribo una canción de amor. No veo diferencia.
Mis maestras a la hora de escribir son gente como Violeta Parra, que podía darle «Gracias a la vida» y al mismo tiempo cantar sobre las miserables condiciones de los niños en La Pampa chilena. Todo te golpea desde una perspectiva íntima, porque somos seres humanos que viven en una sociedad con procesos que nos afectan. Hoy en día, el problema de la vivienda es brutal: veo parejas que se rompen porque no soportan un desahucio o porque no pueden enfrentarse a un despido masivo en una fábrica. Todo eso tiene una dimensión afectiva, y siento la necesidad de cantar sobre ello igual que cantaría sobre una ruptura amorosa o sobre una amiga que se ha quitado la vida. Tenemos que darnos de hostias con la vida todo el tiempo para aspirar a algo sencillo y modesto, pero digno.
Kuadro: Esta conexión con el dolor humano me lleva a México. Estás a punto de tocar en el Vive Latino y recién marchaste aquí el 8M. Has dicho que tocar en este país te cambia la perspectiva. ¿Qué tiene este lugar, con su violencia y caos, que conecta tan cabrón con la oscuridad de un asturiano como tú?
Nacho Vegas: Al principio me lo preguntaba mucho: ¿por qué al público mexicano le gustan tanto mis canciones más trágicas y oscuras? Y es que aquí hay toda una tradición cultural sobre el amor, el dolor y la muerte.
Ver cómo la gente en México se enfrenta a realidades que son muy duras y violentas te cambia la perspectiva. Llegamos a la ciudad y el domingo estuvimos en la marcha del 8M. Comparada con las marchas que conozco en Madrid o Asturias, fue algo intensísimo. Ver a decenas de miles de mujeres marchando hacia el Zócalo refleja el sentir mexicano: lo apasionado que es este público. Es un país mucho menos globalizado, con una cultura popular que resiste. Creo que en Europa tenemos que aprender muchísimo de ello.
Kuadro: Eres un lector empedernido y escritor. ¿Hay algo sobre el dolor humano que la literatura pueda decir y la música no, o viceversa?
Nacho Vegas: Son lenguajes que comparten la palabra, pero con dinámicas distintas. En la música tienes la letra, la melodía, la armonía y el compás marcado; el oyente tiene un papel activo porque debe apropiarse de la canción. En la literatura, el lector debe proporcionar él mismo el ritmo y la armonía, que es lo que falta en el papel, para completar la obra escrita. Funcionan con códigos diferentes y no pondría a ninguno por encima del otro.

Kuadro: Haciendo un recorrido por tu carrera, hace años nos destrozaste con El Ángel Simón, hablando de tu padre. En este disco nos entregas Fíu, dedicada a tu madre, con una luz distinta y sin reproches. ¿Llega un punto en la vida en el que uno hace las paces con sus muertos y fantasmas familiares?
Nacho Vegas: Yo también tracé ese arco entre ambas canciones, pero son muy diferentes. El Ángel Simón era una canción de duelo, escrita con cierta admiración pero también con reproche hacia mi padre. Es una canción tan dura que a veces tengo que dejar de tocarla un tiempo.
Fíu se la dediqué a mi madre, que por fortuna sigue viva, y es una forma de agradecerle todos los sacrificios que hizo por mí y que, en su momento, no supe agradecer. Las perspectivas, e incluso mi propia edad al escribirlas, son muy distintas. Nunca es tarde para hacer las paces con nuestros muertos. Cuando te enfrentas a una muerte cercana te surgen muchísimas preguntas; la muerte sigue siendo el principal misterio de nuestra vida, y por eso tantas canciones hablan de ella, porque en el fondo, son solo una excusa para hablar de la vida.
Kuadro: Para cerrar, en este disco colaboras con Rodrigo Cuevas. En una industria y en un rock que, a veces, sigue siendo muy de machos, ¿qué papel juega hoy la disidencia sexual como estandarte de rebeldía?
Nacho Vegas: Podría parecer que el rock, siendo un lenguaje tan subversivo desde los años 70 con los New York Dolls o el glam rock, ya había superado la cuestión de género y las orientaciones sexuales. Pero no fue así; hay gente del rock que se quedó en el armario en los 80 durante mucho tiempo. Es flipante.
Rodrigo Cuevas ha sido una figura muy importante. Con su talento y su genio, sin hacer proselitismo barato, ha ayudado a muchísima gente, sobre todo a chavales en zonas rurales a los que les costaba salir del armario. Es vital que siga habiendo figuras como él, que rompan los moldes de género para que dejemos de problematizar algo que debería estar normalizado. Quienes problematizan eso son esos fascistas a los que tenemos que aplastar, precisamente.





