De las cancelaciones en el Edomex al Fuck Off Room: No Somos Marineros, El Shirota y la resistencia del underground

Lo que originalmente estaba planeado como una noche de distorsión en Valle Dorado, Estado de México, terminó dando un giro de guion digno de la caótica escena independiente nacional. Las “fuerzas oscuras” (como ellos mismos las llaman) obligaron a cancelar el show en el Foro A, pero la resiliencia del underground pudo más: la fecha se rescató para este próximo 13 de agosto en el Fuck Off Room de la CDMX, y con un gran bono a favor, ¡será un show para todas las edades!

Para hablar sobre este atropellado pero emocionante inicio de su primera gira nacional conjunta con El Shirota, nos sentamos a platicar con Carlos González, vocalista y guitarrista de No Somos Marineros. En una charla sumamente honesta, reflexiva y sin filtros, Carlos nos confesó el porqué la banda se resiste a ser consumida por el algoritmo, cómo es lidiar con el paso del tiempo en el escenario y los detalles de su nuevo disco en camino.

Revista Kuadro: Carlos. Aunque el plan era llevar el show a la gente del Estado de México y descentralizar un poco la escena, las cosas no salieron como esperaban en Valle Dorado, ¿cómo se sienten con este cambio de sede al Fuck Off Room?

Carlos González: Muy emocionados. Este show surge de la necesidad de cubrir un espacio que se abrió por una cancelación. Como parte de nuestro recorrido por la República íbamos a tocar en Tlalnepantla, pero se cayó la fecha por «fuerzas oscuras» que siempre se oponen. Afortunadamente, el Fuck Off Room nos está ayudando a realizar la fecha este 13 de agosto.

La idea de tocar en el Estado de México era establecer una red de conexión. Nosotros vamos a Guadalajara o Monterrey y la gente nos recibe increíble, pero pareciera que entre el Estado y la Ciudad de México hay una pugna extraña. Sin embargo, ganamos por otro lado: el Fuck Off Room nos permite que el evento sea para todas las edades. Hoy en día la policía cae a cada rato en los foros y es súper restrictivo; nosotros empezamos a ir a shows a los 12 o 13 años, y es vital que los menores de edad puedan ir a disfrutar la música sin andarse metiendo tarugadas.

Revista Kuadro: Pasaron por una travesía larguísima para lograr esta gira con El Shirota, un plan que se viene arrastrando desde antes de la pandemia…

Carlos: Así es. Antes de pandemia, en marzo de 2020, íbamos a anunciar una gira con El Shirota y con Lois (banda de Mauricio Avendaño), y de repente cerraron el mundo. Pasaron mil cosas, y en 2024 me acerqué a Gabo (baterista de El Shirota) y a Mauricio porque queríamos grabar el nuevo disco de No Somos Marineros con ellos. Gabo fue el que tuvo la cosquilla y gestionó todo. Dijo: «Ya hay que hacer esta gira porque no sabemos qué va a pasar mañana».

Revista Kuadro: Musicalmente, No Somos Marineros ha evolucionado muchísimo. Han pasado de cosas más directas a atmósferas súper experimentales. ¿Se sienten cómodos con la etiqueta de ser un «laboratorio sonoro»?

Carlos: Lo tomo como un cumplido enorme. Tiene que ver con ser consciente de quiénes somos en determinado momento de nuestras vidas. No eres la misma persona hoy que hace 10 años; si las cosas no van cambiando mientras creces, es un estancamiento, y repetirse a uno mismo es la muerte. Si sigo cantando sobre por qué mis papás no me dan mi domingo a los 40 años, eso está mal. (Risas)

Revista Kuadro: Justo hablando de eso, mucha gente va a los shows esperando escuchar sus temas más emo o viscerales de sus primeros EP’s. ¿Cómo lidian con esa nostalgia del fan que les exige tocar una canción que a ustedes ya no los representa?

Carlos: Es bien chistoso lidiar con eso. Uno hace la música y deja de ser tuya. La gente me dice: «¿Por qué ya no tocas esa? Es mi favorita, con esa me mato», y yo les digo que no, que para mí es doloroso tocarla o simplemente me da «ñáñara». Luego dicen que uno es payaso, pero pues yo no soy Fer de Maná; no creo estar sujeto a ese nivel de consumo o de repetir la misma fórmula. Me rehúso a que nos consuman así, prefiero que compartamos. Solo quisiera que compartieran con nosotros quiénes somos ahora.

Aun así, procuramos tener en el repertorio a las «viejas conocidas y amadas» porque sabemos que es la catarsis con la que conecta la gente. Nunca me va a dejar de sorprender ver el efecto que tiene una canción de nuestro primer disco (Lomas Verdes) en un chavo de 19 años.

Revista Kuadro: Están grabando nueva música y ya han sacado algunos sencillos, pero algo que llama mucho la atención es que no los suben a Spotify, están solo en Bandcamp. ¿Van a mantener esa postura?

Carlos: Sí. Nosotros nos rehusamos unos buenos 10 años a subir nuestro primer disco a Spotify. Por principio, nos parece una plataforma usurera y muy desgraciada. El pro es que es cómoda para el escucha, pero el contra es que devalúa lo que hacemos. No es que perdamos millones, pero me rehúso a ser consumido de esta manera.

A veces suena a ingenuidad o necedad de uno decir «yo el gran artista quiero ser valorado de esta manera», pero se trata de congruencia. Lo que nos gustaría es que el escucha tuviera un poco más de consideración sobre de dónde consume la música. Nosotros no tenemos disquera, yo le pago lo justo a quien me produce y graba, y si en la plataforma te escuchan un millón de personas y te regresan una fracción de centavo… hay algo ahí que cuestionarse seriamente.

Bandcamp https://nosomosmarineros.bandcamp.com/track/zooburbia

Revista Kuadro: Para cerrar, Carlos, al igual que a ustedes, a los de El Shirota ya les duele la rodilla (risas). ¿El show de este 13 de agosto será igual de salvaje o le bajarán a las revoluciones?

Carlos: (Risas) A los 30 crees que lo sabes todo y eres un imbécil; acercándote a los 40 te perdonas muchísimas cosas y te lo tomas con más calma. A mí me gusta sonar tosco, pero ahora busco sonar duro en la reverberación, en ampliar el espacio, y no solo en la velocidad.

Pero ojo, en secreto te digo que los nuevos demos de El Shirota vienen pesadísimos. La energía ya está y la euforia siempre se agradece. Eso sí, luego pasa que la gente está pide y pide empujones y uno se vuelve subversivo: «¿Crees que eres más rudo que yo? Pues voy a tocar más lento a ver si aguantas». Va a ser un show increíble, los esperamos a todos en el Fuck Off Room.

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