EuroJazz

EuroJazz 2018: que el jazz sea siempre el pretexto

Fotos: página oficial de Facebook del Cenart

De cara a uno de los festivales más importantes en la Ciudad de México (sino es que en todo el país); el Vive Latino, hay otros eventos de menor magnitud pero de resistencia por las misma fechas. Digo esto porque luego de 21 años debería ser un récord mantener un evento tan laxo en la selección de las bandas pero siempre tan bien recibido por los asistentes. Como bien señala el maestro Antonio Malacara en su libro Atlas del jazz en México (el cual recomiendo encarecidamente encontrar: hay algunos ejemplares en el Zinco Jazz Club aún):

“este festival no tiene director ni curador. Cada embajada envía un grupo y el Cenart lo incluye en el programa”.

Este no es el principal de los problemas, sino el admitir por antonomasia que todo proyecto sobre el escenario de las Áreas Verdes del recinto cultural es necesariamente jazz. No obstante en ningún momento quiero mostrarme como purista: el jazz es uno de los géneros musicales que más asemeja al universo, siempre cambiante, siempre en expansión; por lo que no resulta raro encontrar propuestas como la excelsa Agathe Iracema y su sonrisa de mil soles mientras combina ritmos sudamericanos con jazz. De hecho hay algo bueno aquí: la posibilidad de forjar profetas en tierra ajena, darles un escenario a proyectos que sólo necesitan un público para ser escuchados. Porque no hay que engañar a nadie: son pocos los exponentes europeos conocidos que se han presentado en el EuroJazz.

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Agathe Iracema

Esto debería se un ejemplo a seguir: dar siempre el beneficio de la duda a aquellos que se han aventurado a hacer jazz —o cualquier otro ritmo poco conocido; en esta edición la polaca Karolina Beimcik nos habló del folclor eslavo a través de su violín, asimismo el dúo de República Checa, Tara Fuki evocó lugares incorpóreos con sus violonchelos y sus voces—. ¡Sobre todo al jazz en México!

Queda, sin embargo, en entredicho la selección de los proyectos que año a año pisan en el escenario del EuroJazz. ¿Qué es lo que llama la atención de los asistentes? ¿Lo europeo?, ¿el Cenart?, ¿el jazz?

  • La primera cuestión espero que no lo sea nunca porque esto queda determinado por la pertenencia a la Unión Europea, más específicamente de la Delegación que pertenece a este grupo de países. Esto puede resultar injusto para otros países cuya situación diplomática los deja fuera, como el Reino Unido (en el caso de Kevin Brady Trio, de Irlanda, hay que recordar que la República de Irlanda es un estado miembro y soberano reconocido por la Unión Europea).
  • En Centro Nacional de las Artes se caracteriza por realizar eventos de interés general todo el tiempo, sin embargo sería interesante que este festival se realizara en una sede distinta, como por ejemplo dentro de los conciertos de la Feria delas Culturas Amigas.
  • En el fondo de mi alma espero que sea el jazz el motor de todo esto. La curiosidad que posee a quien le oye, pero esto quedaría casi descartado si le dejamos este juicio a las embajadas europeas. Este año dos eventos tuvieron que sustituirse por grupos de jazz mexicano debido a que los programados no pudieron viajar al país por cuestiones meteorológicas; Alex Mercado Trío junto con Héctor Infanzón Orquesta (¡magistral!) y 5° Elemento al lado de Sattva Jazz Project. Esto nada tiene de malo, si en el Vive Latino van bandas que no son latinas, ¿por qué un festival que se dice europeo no puede tener algo que sea mexicano? Por cierto, los organizadores se merecen todas las palmas con estos sustitutos.
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No sólo la música, sino la enseñanza, pero no sólo las Clases Magistrales. El EuroJazz contó con talleres infantiles para explicar la historia del jazz a los más pequeños

Nadie se inmutó al respecto; la gente recibió con el mismo ánimo a sus compatriotas como lo hubiera hecho con Kevin Brady Trio o Radovan Tariska & Friends. Esto me lleva a redondear este último punto. ¿El público realmente llega al Centro Nacional de las Artes por el jazz? En una época donde hay festivales y lugares casi por doquier (que no esté bien difundido es otra cosa) de jazz, ¿qué es lo que lleva a los interesados a sentarse en el pasto y escuchar sin preocupación poco más de una hora de concierto? Llegar al Cenart es una proeza si no se vive en la Ciudad de México, pero siempre hay un motivo que hace valer la pena este trayecto. Platicar con los amigos que poco se frecuentan, llevar a la familia, acercar a los demás a otro tipo de música, a una que no encontrarían por iniciativa propia o de algún otro modo.

Es común ver en el EuroJazz el respiro de muchas cotidianidades. Niños de pocos años corren entre los asistentes o bailan al compás de lo que escuchan. (Si las primeras palabras de alguno de ellos es jazz, todo habrá valido la pena). Ese es el valor invaluable del festival y me atrevería a decir que del jazz en general. Nadie se acerca a este género por casualidad; muchas veces es el pretexto. Ojalá que el jazz (o lo que se hace en su nombre) siga siendo siempre el pretexto

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